Siempre hace buen tiempo

Soledad acompañada

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Hoy la gente sufre mucho porque se siente sola.

En la gran ciudad, rodeados de cientos de miles de personas andamos muy solos, como sonámbulos, como sombras.
Hiperconectados con internet, móviles, nuevos medios de comunicación, sentimos la gélida tristeza de no tener a nadie que nos quiera. Parece como si no hubiera nadie detrás del hilo o las ondas electromagnéticas.
Pues bien, eso es mentira..

Repito: ¡No es cierto!
No estoy solo.
Alguien me escucha, me coge de la mano, me acompaña.

Lo he visto en el amanecer y en el fondo de la transparencia perfecta de un vaso de agua. Me falta mirar con atención. Si me fijo, ese “algo” está detrás del accidente del amigo y del abandono del esposo. Hasta en la muerte del hijo y el frío que me saluda la mejilla cada mañana. En los imperceptibles latidos del campo y cuando hueles una manzana y sorbes con los labios la espuma de la cerveza… ¿No lo notas?

Cuando esa energía cálida se te haga presente, la percibirás en el fluir de tus venas y en los viejos recuerdos del trastero; en el beso del ser amado y el seno oscuro de la noche. También, cuando estás sin nadie. ¿No lo oyes? Si dices, ‟¡qué vida esta!”, es que no has mirado bien.

Si estás atento a tu corazón, escucharas una secreta fuente, ‟aunque es de noche”.

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