Siempre hace buen tiempo

Luz prestada

Rocío

Una noche me pregunté: ¿Qué fue de aquella tarde de amor, de aquel encuentro irretornable, del júbilo de aquel verano?

Las oscuras golondrinas de Becquer volverán, pero… Ellos no están. Lo que queda de entonces es este fulgor que vivo dentro ahora al recordarlo, ese yo que es más yo que yo.

El ego es como un planeta del sistema solar. No tiene luz propia. Adquiere su luz prestada y, por tanto, vive en el engaño de que puede seguir siempre así en el tiempo y el espacio.

Por eso los anacoretas y los dualistas vuelven a gritar: ‟¡Aniquilad el ego!” Yo os digo: Mirad simplemente ese fulgor que sois y aun el pequeño ego brillará atravesado por su luz como el rocío por el sol del amanecer.

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