Siempre hace buen tiempo

El “abogado” que promete Jesús

Jesús promete un defensor

¿Cómo quiere hacerse presente Jesús en la comunidad pascual?

 Esta es la pregunta que se hace la liturgia en este sexto domingo. Y la respuesta no deja de ser sorprendente, prometiendo el envío de un abogado, un “alter ego” invisible que rompe los códigos, que consigue frutos inesperados. Ahora nos viene, también a nosotros, como un soplo de alegría y esperanza.

                Primero en Samaría, un territorio cercano pero muy conflictivo, como conocemos por diversos pasajes del evangelio. Herejes, extranjeros, separatistas religiosos, gente despreciable para un judío, como el buen samaritano o la mujer a la que Jesús pide de beber. Sin embargo, Felipe de pronto consigue una estupenda cosecha, completamente inesperada, corroborada por la presencia de los apóstoles Pedro y Juan. La ciudad “se llenó de alegría”.

                En la segunda lectura seguimos escuchando a Pedro que nos repite que tenemos que estar dispuestos a “dar razón de nuestra esperanza”, algo que nos resuena especialmente gratificante en estos momentos.

¿Por qué seguimos creyendo a pesar de todo? ¿Qué nos anima? Porque el amor se ha hecho presente en Jesucristo y va a seguir vivo en medio del sufrimiento aquí y ahora. “Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida”, dice Pedro. Ese el secreto de la Pascua.

                En su discurso de despedida Jesús promete hacerse presente entre los suyos como “paraklétos”, literalmente “el llamado” (para alguien o para algo).

¿Llamado para defender a los discípulos? Los latinos lo tradujeron como advocatus, el abogado defensor. ¿Por qué los discípulos de Jesús necesitarán de un abogado? Porque esto de ser cristiano es arriesgado, rompedor, supone meterse en conflictos. “El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros”. El mundo en Juan no es el cosmos, sino los criterios de poder, egoísmo, explotación y vanidad que corrompe a los hombres.

                La sola presencia del cristiano es una bofetada a ese mundo, por eso el seguidor de Jesús es perseguido en una sociedad llamada “del bienestar”, que acaba de explotar en una pandemia. Por eso un sector de la Iglesia no acepta el estilo evangélico del papa Francisco, que defiende a los pobres y da en rostro a un mundo basado en el enriquecimiento de unos pocos, el placer por el placer y un falso orden internacional. Pero el papa tiene al mejor abogado defensor posible. Como nosotros, cuando dejamos de tener miedo y nos fiamos: “sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros”. “Al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él.” A esto no hay virus que se le resista porque es una Vida en la vida y por encima de la vida.

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