Siempre hace buen tiempo

Jesús no dice “soy la casa”. Dice: “soy el camino”

A veces lo fácil es separar a Dios de la vida, refugiarnos en el invisible como en una cápsula espacial, un rato en el templo, el cumplimiento de unos ritos, para luego retornar a nuestras ocupaciones como a otro mundo, como quien sale de tomarse una píldora tranquilizante.

Hoy, en este V Domingo de Pascua, las lecturas apuntan a una cosmovisión bien diferente. La primera comunidad de los Hechos pisa tierra. Necesita diáconos que se ocupen de las cosas materiales, y lo hacen por elección entre personas autorizadas por los apóstoles. No son servidores de segunda, sino piedras vivas, como dice Pedro en su carta, que construyen el templo vivo fundamentado en la piedra angular, la roca, que es Cristo.

Pero sobre todo el evangelio, un pedazo de ese maravilloso discurso de despedida de Jesús, nos enseña que la Iglesia es un fieri, un quehacer cotidiano. Jesús no dice “yo soy la casa, el edificio, la plataforma, el puerto”. Dice “yo soy el camino”. Es como decir “yo soy la manera de andar, de dirigirse al horizonte, de navegar”.

Dios no es un ser-refugio entre nubes, sino que “se hace camino al andar”, se vive en el día a día, y en los sueños, problemas y vicisitudes de los hermanos. Siempre nos olvidamos. Queremos una Iglesia hecha, protectora, de fuertes muros ¡Estamos en construcción! Muchos de los que se escandalizan de la Iglesia es porque piensan que esta tiene que ser un cielo fijo en la tierra y no un proceso, una continua tarea de piedras vivas y comprometidas, una comunidad que nunca está construida del todo.

Es curioso que Pedro en su carta no alaba a la jerarquía, los presbíteros, los consagrados, sino a cualquier creyente, cualquier caminante del camino de Jesús. “Estáis en construcción del templo del Espíritu”. “Sois un pueblo elegido, un sacerdocio real, un pueblo adquirido por Dios”.

Hoy mucha gente duda de la existencia de Dios, sobre todo ante las desgracias como esta pandemia, víctimas de una dualista teología de guiñol presidida por una divinidad que telecomanda. Jesús le dice a Felipe: ¿Es que no te aclaras? Dios ha hecho visible al Padre en Jesús.

Mira el mirar. Ya no es el Dios del Sinaí, de los rayos y centellas, ahora es un pálpito, un descubrir en el camino, una verdad que se siente más que se comprende, y sobre todo una Vida. Vive la Vida, siente el camino. Disfruta del paso a paso del ahora.

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