Siempre hace buen tiempo

El indecible

TENGO una noche entre los labios tímida
cuando te nombro a ti. Que nombro al que no sé.
Digo: ventisca, pipa, primavera,
auto sedán, arbusto, caminata…
¿Y qué digo? No sé. Digo lo ignoto.
Te digo albor, te nombro suavemente
y me quedo en el no-decir encarcelado.
Cada ola de voz es tu misterio,
cada intento un aroma. Si pudiera decirte,
me abriría de la angostura-madre: la palabra.

(De El templo de la sorpresa, 1976)

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