Siempre hace buen tiempo

Daily Archives: 18 abril, 2011

Si mañana preguntas

 

 

 

 

 

 

 

Se fue haciendo silencio
en la inane presencia de lo inútil.
Se fue haciendo amistad
con el pez que no sabe si es él
o sólo parte
de un mar que canta dentro.

Se fue la vida en vidas
como pidiendo muerte,
y está transido el aire
de un verde luminoso, cristal de la distancia.

Vuelvo al seno de todo,
me inundo de mi mismo
como trozo del Uno que me vuelve
ligero,
gota en gota de agua, grano en grano de arena,
soledad habitada del abismo total,
donde el sol nos reside
y entra el túnel que hiende ese misterio
vida azul de la célula.

Ya es hora de partir
mas no me voy;
me lleva el Mar a cuestas
y con él el abrazo que nunca me abandona.

Si mañana preguntas por el nombre,
que el viento te replique:

Aquel es, el que ignora si es él.

Estuvo en esta orilla recostado,
paseó por la playa su recuerdo
y abrazó su ser nadie
por ser inmensamente.

Habré entonces pasado.
El mar, de música y de verso,
continuará su charla saltando en la escollera
regalará a la arena su nácar caracola,
hará vivo lo muerto.

Yo me habré diluido
igual que un marinero.

Pero mirad allende el malva de la tarde,
más allá de las olas.
Encontraréis un rastro,
o quizás una estela
de espuma.
Sólo eso.

Exclamaréis entonces:

He ahí uno que amó…
He ahí uno que ha sido.

*******
De Como el mar a la mar (Madrid, 1955)
Premio al mejor libro de poemas sobre el mar,
de Alforjas para la Poesía, el año de 1989

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Meditación ante el lago

 

 

Serena y limpia el agua de la tarde
copiaba azul los surcos de mi alma
y el lago reflejaba el sol en calma
al dar su gota última de sangre.

Y al abrirse a la noche que se transe
de una brisa tan pura, me reclama
morirme yo contigo en esa llama
que es el amor que vive y se reparte

en cada brizna del aire adormecido,
en cada beso, en cada pensamiento
con que te mueres y retornas  vivo

en limpio amanecer. Dame el sosiego
de estar en paz en medio de los vientos,
oh Dios, al dar  mi último suspiro.

(Inédito, 2004)

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Visillo

Para filtrar el alma han colgado el visillo
que deja al sol pasar y oculta la mirada
inundando la estancia de claridad lechosa.

Los contornos son tibios, los colores, fraternos
y la vieja madera se arrebola y se aniña.

Un mundo de pisadas se adivina en la acera,
cuando, ya atardecido, se barrunta la vida
desde el andar sin rumbo de la cansada calle.

¡Oh, si al pasar de pronto, una mano corriera
el sutil cortinaje y el hogar fuera entero
del pobre, del perdido, del triste caminante!

Pero el visillo tiende la frontera terrible:
un abismo insondable entre el dentro y el fuera.

 

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A una vieja foto de anticuario

Pálido espectro de un pasado ajeno
muerto al amor, pisando lo infinito,
que desanda quién sabe qué andadura,
ese tiempo sutil que el tiempo desvanece.
Tu mundo no es aquel, que dulce llora
secretos rosas de paz en la mejilla.
Ni se sabe qué sueño duerme ese escondite
en el temblor azul de ese minuto.
Se ha quedado tu foto descolgada
del ritmo irrefrenable de la vida,
posada con desdén y polvo antiguo
en caoba sin luz, sombra de sombra.
¿Quién te amó? ¿Quién fue espiando
el trajín cotidiano de tu cuerpo
y apuró con tus labios los sabores
de aquella muerte entonces no anunciada?
¿En qué limpios espejos te miraste
como al pasar, creyendo que aferrabas
el fulgor de satén de esa belleza?
¿Sólo el encaje níveo del escote
cristalizó en tu hombro levemente
al tacto imponderable de su hechizo?
¿O es que vivir es solo aquel posarse
apresado en el sepia fotográfico?
Mujer de aquel ayer en este ahora,
sin nombre ya, ni amigo, ni futuro,
pretexto sólo de un marco victoriano,
¿quién llevará tu rostro a su morada
sin ver ni adivinarte ese secreto
que sigues ocultando cuando miras?
Sólo el pobre poeta en su destiempo
de loco amor por nubes y por rosas
se llevará tu inútil azogue misterioso
y guardará el embrujo que vibra todavía
en el viejo papel que aprisionó tu calma,
viva sin tiempo, como una flor perenne.

(De Las palabras pequeñas,1992)

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A una letra

Cuando escribes, tu letra se parece a tu calma
al colgar la ternura de la mórbida erre
y al achicar los nombres hasta el mismo tamaño
de la voz de retoño con que pides, preguntas.
Es tu letra un riachuelo, peregrino de mares,
un manantial que brota sin pedirte permiso
de un oculto venero con verdades antiguas.
Son amigas del orden tus graves consonantes
y la vocal te nace con olor a violeta.
Se desparrama un mundo en tus eses finales
y todo se hace limpio cuando escribes un punto.
Déjame que acurruque mi dolor en tu letra
y que subido al cuenco de la uve graciosa
escudriñe el misterio de esas olas marinas
con que las emes caen rendidas en la arena.
¡Qué mimado misterio ocultan tus palabras,
esas flores azules de tu tinta secreta!

(De Las palabras pequeñas, 1992)

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Se morirán las tardes

 

 

Se morirán las tardes
detrás una de otra
y caerá sobre el mar
la violeta quietud
que troncha
las palabras,
Pasará aquel anciano
reclinado en su asno
sobre el trote de un tiempo
con arrugas de huida.
Volverá la penumbra
a acostarse en el valle,
y vendrán de la playa
los ecos de lo antiguo.
Y andándote el camino
del amor sin pisadas,
tu nostalgia se irá
añorando en las olas
aquel mirar silencios…
Se morirán las tardes
detrás una de otra.

(De Del mar y el peregrino,1972)

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Hoy el Po copia reflejos

Hoy el Po copia reflejos
de una tarde italiana
que gris y rosa se va
con el pálido claror
de una mejilla de niña
que se descubre muchacha.
Los árboles se adivinan
ya negros sobre un paisaje
de tibios verdes y ocres.
Vienen detrás las montañas.
La luz se va con el río,
y me sueño allí uno más:
uno sin tierra y sin casa,
que ha descubierto en la tarde
los secretos de su alma.
La piel trémola del aire
también se lleva los versos
y unas lluvia evanescente
borra el Po de mi ventana.

(De Los cuadernos del nómada,1976)

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