Desde mi ventana

Pildoras

LUZ PRESTADA
Una noche me pregunté: Qué fue de aquella tarde de amor, de aquel encuentro irretornable, del júbilo de aquel verano? Las oscuras golondrinas de Becquer volverán, pero...
Ellos no están. Lo que queda de entonces es este fulgor que vivo dentro ahora al recordarlo, ese yo que es más yo que yo.
El ego es como un planeta del sistema solar. No tiene luz propia. Adquiere su luz prestada y, por tanto, vive en el engaño de que puede seguir siempre así en el tiempo y el espacio.

Por eso los anacoretas y los dualistas vuelven a gritar: A(Aniquilad el ego!@ Yo os digo: Mirad simplemente ese fulgor que sois y aun el pequeño ego brillará atravesado por su luz como el rocío por el sol del amanecer.



PROBLEMA DE ENFOQUE
La infelicidad es un problema de foco.
La cámara de tu ego se queda en los primeros términos del encuadre. Enfoca al coche, el problema de salud, a un hombre, a una mujer, un trabajo, un cargo político, un éxito, un lugar, lo que sea. Y se olvida del conjunto, del plano general.
La felicidad consiste en enfocar tu cámara al infinito.

Los primeros términos siguen ahí, pero quedan desenfocados, son parte de nuestra vida, pero están en función del maravilloso, inabarcable e imperturbable paisaje de fondo. El problema es que la sociedad de hoy nos lo da todo hecho. Te dice dónde tienes que mirar, donde debes enfocar tu cámara, a través de mil impactos: De la publicidad, los medios de comunicación, los criterios imperantes. Te vende, diríamos, las cámaras ya hechas, automáticas y con autofoco para que hagas las fotografías que ellos quieren.



EL GRITO DE LA VIOLETA
Algunos llamados Aespirituales@ engordan el ego de la religión, con pretensiones de maestría o ínfulas de gurú. Entonces aparece el personaje sagrado, con túnica color butano, recubierto de paramentos o revestido de pontifical dando doctrina. Desconfía de todo maestro que después de hablar y sobre todo de actuar no desaparece.

Las violetas no necesitan subirse al árbol, enseñan sin gritar detrás de las rocas.

No hay nada peor que los que se apoyan en Dios para ser importantes o cargar fardos sobre la gente. Son ciegos que guían a ciegos.

La verdad está escrita en nuestro gran Yo, el que narcotizamos a veces con los caprichos tontos del pequeño yo.



NACER A TODA LA PLAYA
La mejor señal del no apego es el amor.

Cuando uno hace la revolución copernicana, es decir se da cuenta de que no es el astro rey en torno al cual giran los demás planetas, despierta.

Dices: Soy sólo una gota de agua en todo el mar, pero soy el mar. Soy sólo un grano de arena en la playa, pero soy playa.

En ese momento despiertas al Anosotros@, que es nuestra verdadera identidad. El amor supone salida de mí, y por eso me hace nacer de nuevo.