Martes, 28 de marzo. 12.46 h.
AGENCIAS. Pamplona
El escritor Pedro Miguel
Lamet ofrece en su libro «El aventurero de Dios» una versión
novelada de la vida y obra de Francisco de Javier, a quien
describió como «un gran hombre de acción, con el futuro en las
entrañas», que fue además «un hombre global, un primer
corresponsal en el mundo de Oriente y un puente cultural, pero
sobre todo un gran santo».
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Acompañado por el consejero de Cultura, Juan
Ramón Corpas, Lamet presentó hoy su obra en una rueda de prensa en
la que agradeció al Gobierno de Navarra lo que está haciendo por
Javier en el V centenario de su nacimiento, al tiempo que criticó
que el Gobierno central, «que se ha volcado con el centenario del
Quijote, tenga olvidado a un Quijote de carne y hueso como es
Francisco de Javier».
La novela «El aventurero de Dios» recrea el
mundo de las conquistas del siglo XVI y está aderezada con todos
los ingredientes del género histórico, no exento de exotismo:
valientes pescadores de perlas del sur de la India, monjes zen de
Japón y las miserias y ambiciones de comerciantes, soldados y
gobernadores que poblaban ese mundo intersticial donde se
encontraban culturas muy distintas y a menudo enfrentadas en medio
de una gran actividad política, comercial, intelectual y bélica.
Según el autor, las hazañas de San Francisco
Javier son casi inconcebibles para alguien de nuestro tiempo y es
que pasó uno de cada tres días de su vida navegando y mantuvo el
sentido de su misión en medio del acecho de tempestades, piratas,
funcionarios corruptos, clima infectos y otras mil dificultades y
privaciones.
Esos ingredientes hacen que este libro resulte
de «interés para cualquier lector», no sólo para el interesado en
la figura de Javier, reconoció el autor quien señaló que con esta
obra hace «digerible todo el caudal de datos que existe en torno
al santo» y que a veces, por tratarse de «historia fría y
científica se hace difícil para el lector normal».
Además en la actualidad, según apuntó, existe un
gran interés por la cultura del siglo XVI y es que, «en gran
medida, es una época muy parecida a la actual, una época de
globalización».
Su principal aportación respecto a la multitud
de obras ya existentes en torno al santo navarro consiste en la
«puesta en escena, porque la vida de Javier ya en si misma es una
aventura apasionante», según Lamet, quien señaló que le ha dado
una estructura narrativa a partir del único personaje de ficción.
Tras subrayar que es «absolutamente riguroso con
los datos», explicó que introduce un único elemento de ficción, un
personaje testigo, un judío converso que huye de la Inquisición y
se embarca con Javier en Lisboa y que permite ver «desde fuera a
Javier, incluso juzgarlo, e ir enamorándose de su figura».
Lamet, quien esta tarde participará junto con la
periodista Rosa María Calaf en el ciclo de conferencias «El mundo
alrededor de Javier» que organiza el Gobierno de Navarra, destacó
algunos de los aspectos más relevantes del santo, comenzando por
su «pasión al servicio de una idea».
Incidió además en la importancia del influjo
global e intelectual de un hombre que salta las coordenadas del
espacio y el tiempo; la coherencia entre el pensamiento y la vida
y una rica personalidad desde el punto de vista intelectual y
diplomático, en la que se refleja la influencia de su padre, un
abogado e intelectual.
Le definió como un gran hombre de acción y un
hombre que pese a ir patrocinado por el reino de Portugal, era un
hombre libre para denunciar ese reino y a los capitanes por su
corrupción.
Lamet, quien destacó su pasión encauzada y
apuntó que «hubiera sido un gran vividor, pero fue un gran santo»,
resaltó además su sensibilidad por los más pobres y subrayó que
«pese a su teología escolástica muy centrada en la salvación
evoluciona de forma muy curiosa y aprende de los demás».
Esta novela culmina una trilogía novelesca
escrita por el autor en torno a tres santos jesuitas del siglo XVI:
Ignacio de Loyola, Francisco de Borja y Francisco de Javier.
En la presentación Corpas recalcó el interés que
despierta Francisco de Javier, quien «ha dejado huella firme en
los pueblos y lugares a los que llevó su mensaje» y que «sigue
siendo fuente de estudio e investigación en diferentes ámbitos».