El último show

Canto coral y premonitorio sobre  la muerte y la vida
de un maestro del cine


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como si de un testamento se tratase, el film póstumo de Robert Altman, es un canto coral a la vida y la muerte, una premonición empapada de melancolía desde el análisis  de un microcosmos, el de la última emisión de un conocido programa de radio en directo que va a fenecer.  Este genio del cine, educado con los jesuitas,  diplomado en Matemáticas y piloto de bombarderos durante  la Segunda Guerra Mundial, falleció en la noche del  20 de noviembre de 2006  en un hospital de Los Ángeles, después de haber revolucionado el movimiento de cámara y el llamado cine coral. Guionista, director, productor y actor, conocía como nadie el universo del medio y los resortes de su profesión hasta capacitarlo a  romper e innovar sus códigos.

            Murió antes de acabar esta película  que recoge en tiempo real la transmisión  desde un teatro, titulado como el de la realidad, A Prairie Home Companion, de un programa semanal  con cuatro millones de oyentes, que recuerda la radio-espectáculo de los años cincuenta en España, por ejemplo de Cabalgata Fin de Semana, con Boby Deglané,  que fuera desbancado con el advenimiento de la televisión.  Chistes, sketches, noticias de un pueblo imaginario, comentarios del presentador, publicidad, efectos sonoros en directo y sobre todo música, mucha música popular de diversos géneros, pueblan este espacio al que le ha  llegado la hora. El nuevo dueño de la emisora, un inversor venido de Texas (Tommy Lee Jones), ha decidido terminar con él y hacer del teatro un garaje.

            Sin salir apenas de ese escenario y su entorno, sino es con un prólogo y epílogo en el bar de enfrente, Altman estudia como en una pecera un pedazo de la familia humana sin permitirse esta vez  ni siquiera sus conocidos análisis sociológicos y críticos, como podría ser el del universo cerrado de El ángel exterminador de Buñuel, por ejemplo,  sino reflejando desde su danzarina y curiosa cámara la trivialidad de la vida de los componentes el espectáculo: dos vulgares  cowboys cantantes de country (Woody Harrelson y John C. Reilly);  dos  damas talluditas, más la  depresiva hija de una de ellas, supervivientes de un grupo vocal familiar  (Meryl Streep, Lily Tomlin y Lindsay Lohan); un veterano cantante que ha pasado su vida en el programa (L. Q. Jones) junto a un ingente coro de secundarios: la inquieta maquilladora, el nervioso jefe de escena, la tramoyista a punto de ser madre, la señora que se ocupa de la comida y mantiene un secreto affaire con el anciano y, en fin, el detective privado (Kevin Kline), a medio camino entre un romántico personaje Chandler y una especie de inspector Clouseau.

             Altman quiso rodar  El último show en el teatro Fitzgerald, hogar del verdadero Prairie Home en la ciudad de St. Paul.  La película ha sido escrita por el presentador original del programa de radio Garrison Keillor, protagonista también del film, que confiesa que, después de realizar este espacio durante 30 años en la radio, tuvo la suerte de que la cámara de Altman se moviera tanto alrededor de todos que no llegara a ser consciente de tenerla enfrente. «Yo escribí mi personaje, lo cual es una gran ventaja. Me mantuve dentro de mis limitaciones; era un papel suculento pero secundario. Cuando estás rodeado de grandes actores, puedes sentirte intimidado.  Estaba aterrorizado por trabajar con Meryl, Lily y Kevin».  Y es que, como es norma en cualquier película de Altman,  pidió a los actores que improvisaran  sus personajes respectivos. Altman solía filmar las escenas en toda su integridad, mientras que los otros equipos de cámara se dedicaban a rodar las interacciones en la escena y entre bastidores. La actriz Lily Tomlin  comenta sobre esta curiosa mamera de hacer cine: "Da lo mismo lo que esté en el papel del guión; Altman va a poblar la pantalla al máximo. Hay algo que está pasando aquí, algo que está pasando allá. Todo el mundo tiene un micro, lo que es una de sus marcas de fábrica".

            En todo caso hay que advertir que no es un film de fácil visionado. Si el espectador no trabaja activamente  desde su butuca, tiene paladar y sabe captar matices, puede ser una película «aburrida» un tanto  reservada al culto de cinéfilos. Pero a mi entender es la más bella forma de morir para un creador de cine libre e innovador como Robert Altman

             El catalizador de la historia lo aporta una etérea, inquietante y fascinante rubia (Virginia Madsen)   que encarna al ángel de la muerte y que se introduce curiosamente como personaje positivo entre estos seres que afrontan en su último espectáculo el inexorable paso del tiempo. La naturalidad con que conversan, como si no estuvieran frente a una cámara, sobre todo la inconmensurable Meryl Streep en su papel de cantante caduca, y el poder evocador de viejas canciones, que responden, supongo,  al patrimonio nostálgico de cualquier estadounidense maduro producen la magia de esta comedia póstuma de  Altman.  Según Meryl Streep, «hay algo en el mundo de Garrison Keillor que nos lleva a nuestra infancia, a la infancia de muchos norteamericanos: yo crecí escuchando la radio en aquellos tiempos inocentes».

            Se diría que el viejo creador de Mash, Nashville y Gosford Park, se despide del mundo con un canto sencillo y emocional al mismo tiempo a la muerte y la vida. Film pues premonitorio que, como el eterno mito de La vida es sueño o El gran teatro del mundo de Calderón, presenta el devenir humano como un show que se acaba, pero con un matiz: más como unas comedia amable que como tragedia. De hecho él mismo confiesa:  «Jamás he hecho un filme que hable más de la muerte que éste». Quizás el personaje en el que Robert Altman quiere afrontar su propia muerte sea el del anciano  cantante que fallece durante el espectáculo de forma dulce y sosegada, mientras «la rubia» consuela a su esposa diciéndole que para un anciano no es malo morir. En todo el film se respira, además de la melancolía por el tiempo ido, una especie de certeza y consuelo de permanencia que revelan canciones de contenido religioso, como la que sirve de contrapunto a la muerte del anciano.

            En resumen el gran Altman parece decirnos que la vida es como una emisión de radio entre dos copas en el bar de enfrente; que no es tan trágica como parece, Y que la muerte es una rubia un poco fria, sí, pero dulce y seductora que nos arrebata de este sito a un lugar que no debe ser tan malo. Mientras, vivir es algo así como cantar viejas y nuevas canciones, reír y llorar mientras todo sigue y nada del todo se acaba, aunque nos cierren el espectáculo.  Sencillo, entrañable y hermoso testamento.


T.O: “A Prairie Home Companion”.-P: Robert Altman, Wren Arthur, Joshua Astrachan, David Levy y Tony Judge. USA. 2006.-D : Robert Altman.-G: Garrison Keillor; basado en un argumento de Garrison Keillor y Ken LaZebnik.-F: Edward Lachman.-Mus.:  Richard Dworsky.-Mon: Jacob Craycroft.-I:   Kevin Kline (Guy Noir), Woody Harrelson (Dusty), Tommy Lee Jones (el ejecutor), L.Q. Jones (Chuck Akers), Garrison Keillor (GK), Lindsay Lohan (Lola), Meryl Streep (Yolanda), Virginia Madsen (mujer peligrosa), John C. Reilly (Lefty), Maya Rudolf (Molly), Lily Tomlin (Rhonda), Tim Russell (Al).-Dur: 95 min.-Estreno en España: 23 Marzo 2007.-Dis: Manga films