Quinceañera
Otro cine de mexicanos
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Canto sincero al amor gratuito dentro del fresco vitalista de una comunidad marginal mexicana en USA.
Enmarcada en la fiesta de “la quinceañera”, un rito de pubertad muy frecuente en Iberoamérica, que tiene cierta equivalencia a la ya en desuso “puesta de largo” de hace algunos años en España, esta película pretende ser un fresco de la comunidad mexicana de Echo Park en Los Ángeles. Todo un derroche de solemnidad y cursilería, flores, tartas, damas y vestidos de color de rosa rodean esta ceremonia de entrada en sociedad de las jovencitas, como prolongación de una costumbre que parece remontarse a la cultura azteca y que concluye en convite, baile y la típica explosión vital latina.
Esta tradición, mantenida en los Estados Unidos y más en concreto en los barrios periféricos de Los Ángeles, donde la presencia hispana es tan fuerte (46 %) que hoy día dicha ciudad cuenta ya con un alcalde latino, produce también fuertes contrastes y el inevitable choque sociológico de clases, razas y culturas.
Los cineastas Richard Glatzer y Wash Westmoreland, homosexuales como la pareja que aparece también como vecinos de los protagonista en el film, y que como ella tienen un apartamento en el citado barrio, proceden del mundo del documental y fueron encargados del reportaje fotográfico de una fiesta de quinceañera. Quedaron tan fascinados del ambiente que se propusieron realizar un film en torno al tema y a la vida de la comunidad mexicana, sus problemas y sueños.
El resultado es un cuadro lleno de naturalidad y frescura, que refleja tanto la problemática como la alegría vital de este grupo humano, una película que mereció el Gran Premio de Jurado y del Público en el último festival de Sundance. Magdalena (Emily Ríos) es una chica muy normal, ni guapa ni fea, hija de uno de estos mexicanos afincados en Estados Unidos que trabaja como guarda-jurado y al mismo tiempo es pastor evangélico en una zona comercial en Echo Park. La muchacha, ilusionada con su cercano decimoquinto cumpleaños, sólo piensa en su novio, su vestido para la fiesta y la limusina Hummer que pretende que su padre alquile para ese día tan especial. Sin embargo, unos meses antes de la celebración, Magdalena se queda embarazada. Mientras continúan los preparativos de la fiesta, su padre, desde una elemental teología moral de predicador protestante puritano, se entera y la echa de casa. Magdalena se refugia a la vivienda de su tío abuelo Tomás (Chalo González), que representa la figura del “santo laico”, un octogenario solitario y bondadoso que ya ha acogido a Carlos (Jesse García), primo de Magdalena, cholo al que sus padres también han rechazado por sus incursiones en la delincuencia, los porros y las tendencias homosexuales. Carlos deja muy claro que la presencia de Magdalena le molesta. Además la pequeña casa alquilada de Tomás está situada en el jardín de un edificio recientemente adquirido por una pareja gay (David W. Ross y Jason L. Wood), dos pioneros que vaticinan el cambio que sufrirá el barrio. Poco a poco, Magdalena, Carlos y Tomás se sienten más unidos, en medio de las crisis suscitadas por la sexualidad, la marginalidad y las fuertes transformaciones económicas.
El film, que huye premeditadamente de la típica película folklórica al uso, se adentra bien, como en el frenético danzar de los participantes en la fiesta de la quinceañera, en el humus vitalista del barrio mexicano. Lejos de aparecer sus habitantes como los típicos y tópicos mexicanos, que siempre han salido en cine de Hollywood –medio ignorantes o estúpidos- se descubren como seres humanos con su dignidad, matices y sentimientos. También con su belleza y las cualidades pasionales, ardientes y entrañables propias del hispano.
Glatzer y Westmoreland demuestran que no han querido hacer un cine desde fuera, sino que se han implicado –se percibe hasta qué punto se hicieron amigos y se dejaron corregir por las gentes del barrio- en su propósito de no filmar un documental frío o crítico sino una vivencia testimonial desde dentro. “Que la realidad hablara, no nosotros”, han declarado. No en vano pertenecen al cine outsider de EE. UU.
Conscientes de que los elementos católicos persisten en la comunidad protestante, juegan con el tema de “concepción milagrosa” –no hubo penetración en la relación sexual, sino una casual inseminación- para subrayar la pureza del personaje. Pues tanto Magdalena como Carlos representan la marginalidad, los pobres bienaventurados, mientras que el viejo Tomás encarna la gratuidad desprendida y evangélica en medio de los intereses económicos que van arrollando el barrio, simbolizados en la apetecida limusina de la fiesta.
Es cierto que ambos realizadores no han hecho sino rozar la herida. Quinceañera no es un film de denuncia social a lo Ken Loach. Pero tampoco es sólo uno de los mil films donde lo mexicano no pasa de ser un exotismo folklórico contemplado con superioridad y despreciado en el fondo.
La película juega con el sentimentalismo; pero lo hace bien, porque son facetas respetadas, tratadas con autenticidad y fílmicamente creíbles. Quizás también porque Emily Rius, muy bien elegida, nos ofrece la imagen una chica muy real, sencilla y viva, como lo es Jesse García en el papel de Carlos, apuntalados admirablemente por el veterano actor de carácter Chalo González, que con solo su presencia transmite bondad y sabiduría. No faltan tan poco entre los secundarios actores no profesionales.
Aunque, es cierto, el film no llega a zarandear al espectador ni profundiza en el problema que refleja, sí emociona y recoge eficazmente, con amor y belleza, ese otro lado tan olvidado del cine estadounidense, sumergiéndose en la comunidad mexicana como es y prestándole por una vez el merecido protagonismo. Todo ello desde la cámara reporteril, el primer plano psicológico y con el jovial y dinámico ritmo latino, sobre todo de reggaeton que constituye también el ritmo y la alegría humanista y sencilla que embarga todo el film, que en definitiva viene a ser un canto a ese amor gratuito que cree en los milagros y sólo saben dar los pobres.
T.O: “Quinceañera”.-P: Anne Clements, para Kitchen Sink Entertainment, USA.-D y G: Richar Glatzer, Wash Westmoreland.-F: Eric Steelberg.-Mon: Robin Katz.-I: Emily Ríos (Magdalena), Jesse García (Carlos), Chalo González (Tomás), J.R. Cruz (Herman), Araceli Guzmán-Rico (María), Jesús Castaños-Chima (Ernesto), Jason L. Wood (James), David W. Ross (Gary), Lisette Avila (Jessica), Johnny Chavez (Walter), Alicia Sixtos (Eileen).-Mus: Micko y Victor Bock.-Dur: 90 min.-Estreno en España: 15 Diciembre 2006.-Dis: Golem