Los Borgia
Vistoso, superficial y reiterativo thriller en el Vaticano del Renacimiento.
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La apasionante peripecia y dramática historia de los Borja (me resisto a escribir Borgia, italianización del apellido de la familia, que dio a la historia dos papas, a partir de la pronunciación valenciana del mismo) ha provocado numerosos estudios históricos y novelas. En estos momentos, además de la recién estrenada película de Antonio Hernández, se ultima otra versión de Neil Jordan, que cuenta en el papel de Lucrecia con la fascinante actriz de moda Scarlett Johansson.
Antena 3 se ha adelantado con Los Borgia, rodada como mini serie de televisión y que se ha estrenado primero en versión reducida de dos horas para la gran pantalla. Dentro de la oleada de “superproducciones” con pretensiones hollywoodienses que parece invadirnos, y poco después del fiasco de Alatriste, se trata de una versión casi literal, debida al guionista italiano Piero Brodato, del bestseller póstumo de Mario Puzo, The family, que tuvo en España el desafortunado título de Los Borgia. Por tanto el origen del film no es otro que un thriller de un autor que siempre había tenido in mente escribir El Padrino en versión renacentista.
La película, a qué negarlo, es todo un despliegue de medios: rodaje en España e Italia, costosa escenografía, fastuoso vestuario y un amplio reparto de actores, sin escatimar nada. Se puede decir que en conjunto ya el cine español consigue films de época mínimamente dignos, donde no cantan las pelucas ni los decorados; los actores al menos no chillan, y las ambientaciones y puestas en escena son suficientemente eficaces. Hay que felicitarse además por el esfuerzo y riesgo industrial que suponen estas películas de alto presupuesto que parecen al menos mover algo el taquillaje.
Pero fuera de aquí, poco más, junto a una excelente fotografía, aunque algo barroca, de Iván Aledo y una aceptable interpretación de Lluis Homar, como el papa Rodrigo Borja, se puede alabar del film. Para analizarlo hay que partir de la historia misma. El primer error es la servidumbre a la novela de Puzo. Resulta sangrante que el guionista no se halla informado apenas de la investigaciones recientes sobre la familia Borja: desde los estudios históricos del académico jesuita Miquel Batllori a obras, como el librito del profesor Ximo Company, Els Borja, espill del temps, y una excelente novela sobre Alejandro VI, Borja Papa, de Joan Francesc Mira, aparte de la conocida Cesar o nada, de Vázquez Montalbán (originariamente iba a ser también una serie de televisión que se frustró y se convirtió en novela), que sí parece haber sido consultada. Pero lo más indignante es que esta película, rodada con dinero español, no contenga (al menos en su versión cinematográfica) ni siquiera un flash back al Xativa de la infancia del Papa o sus raíces valencianas.
De aquí que el resultado desde el punto de vista histórico, pese a esfuerzos de objetividad, como al menos dejar en la ambigüedad el incesto papal o el fratricidio de César con su hermano Juan, II Duque de Gandía, no pase de ser un thriller centrado exclusivamente en la ambición de una familia. Transitan a segundo término las cualidades políticas dirigidas a buscar el equilibrio de Italia y de Europa, una excelente administración de los Estados Pontificios orientada a convertirlos en un estado centralista moderno, e incluso contados aciertos pastorales que también tuvo el bribón de Rodrigo Borja. Nada se dice de cómo supo mantenerse independiente de Francia y España, ni que celebró un prestigioso Año Santo en 1500, así como su abundante mecenazgo artístico y literario, una sincera preocupación por la evangelización de América, y la reforma de las órdenes religiosas.
Pero, aún más allá de esta parcialidad y elementalidad del relato respecto a los datos históricos, los personajes resultan hueros, mal dibujados y hasta posmodernos. La fina, hermosa e inteligente Lucrecia se transforma, por obra y gracia de María Valverde, en una niñita bobalicona a la que sobre todo no le acompaña la dicción. El famoso César, que al parecer fue uno de los modelos de Maquiavelo para El Príncipe no traspasa, en manos de Sergio Peris-Mencheta el valor de un bruto condotiero con aspecto de boxeador, al que se le ve la oreja en su intento de imitar a Javier Bardem. El mejor sin duda es Lluis Homar, que da suficiente empaque y frescura valenciana al personaje de Alejandro VI, aunque tenga lagunas lamentables como su escasamente creíble llanto a la muerte de su hijo Juan y la carencia de matiz que presta a sus complejas motivaciones el propio guión. Tampoco está mal Paz Vega como Catarina Sforza, aunque hubiera ganado con un doblaje que evitara sus inapropiadas al caso cadencias andaluzas. Cumplen bien Ángela Molina y Antonio Dechent en sus papeles de Venosa Cattanei y el secretario del Papa.
Si la imagen de Antonio Hernández (En la ciudad sin límite, Al alcance de su mano, Lisboa ) es impactante y espectacular en lo que respecta al boato de las ceremonias litúrgicas, los movimientos de masas, las orgías pontificias y en general en la ambientación, la película falla en lo principal, en su estructura narrativa, que se convierte en una sucesión reiterativa y a veces aburrida de las barbaridades cometidas por la familia Borja, ciertas u objeto de la infamia de sus contemporáneos, en una época donde la puñalada a traición y la copa envenenada andaban al orden del día, y no sólo en esta ambiciosa familia. Torpes, como suele suceder en nuestro cine, las escenas de guerra, con escasos extras solventados a base de planos cortos en los que no se ve nada. Y elemental, que suena a recurso de los tiempos del blanco y negro, el modo de resolver los éxitos bélicos de César a base de filmar un mapa en encadenado. Por lo demás la planificación de Hernández es efectista y pretenciosa en sus arriesgados contrapicados o movimientos de cámara.
Es completamente cierto que los hechos que el film relata constituyen un oscuro y deleznable periodo de la historia de la Iglesia católica. Pero también resulta injusto que no aparezca en el film por ninguna parte algún santo, algún personaje virtuoso, que los hubo, o que no se explique la vertiente piadosa que subsistía en la compleja personalidad de Rodrigo, y hasta de Lucrecia, que murió como fiel cristiana y mecenas de las artes. No deja de ser curioso por ejemplo que la misma familia produjera más tarde un santo, Francisco de Borja, biznieto de Alejandro VI y IV Duque de Gandía, ciudad donde la esposa y la hija de Juan, el asesinado, llegaron a ser fervientes monjas clarisas.
Es verdad que a una película como ésta dirigida al gran público no se le puede pedir lo que a una tesis doctoral. Pero a todo buen cine se le debe exigir una buena estructura, credibilidad fílmica en el perfil humano de los personajes y que al menos transmita emoción y sugerencia estética. Nada de eso está presente en Los Borgia, que no pasa de ser un aparatoso espectáculo visual, que explota, eso sí, el morbo del crimen y la sexualidad, unidos en explosivo contraste con la vistosa sacralidad vaticana; pero que deja al espectador más frío que un témpano, pues no se llega a identificar ni siquiera con la frágil e instrumentalizada Lucrecia. Y no olvidemos que un thriller puede ser una obra de arte cuando, por encima de la pura intriga, nos llega en imágenes el análisis psicológico y el drama humano de los personajes.
En resumen, una oportunidad perdida, dentro de un esfuerzo encomiable de implicar a nuestra cinematografía en el mundo de la superproducción. Pero ya se sabe, la industria, el dinero, los medios no son siempre sinónimo de arte, que puede surgir por generación espontánea de un modesto presupuesto, un tomavistas y unos actores advenedizos, si anda por medio el hálito mágico de la inspiración. Tenemos buenos profesionales, pero siguen faltando ideas, guiones y sobre todo creatividad.
T.O: “Los Borgia”.-P: Antena 3 Televisón, 2006.-D: Antonio Hernández.-G: Piero Bodrato.-F: Javier García Salomnes.-Mon: Iván Aledo.-I: Sergio Peris-Mencheta (César Borgia), Lluís Homar (Rodrigo Borgia), María Valverde (Lucrecia Borgia), Paz Vega (Caterina Sforza), Ángela Molina (Vanozza Cattanei), Sergio Muñiz (Juan Borgia), Eloy Azorín (Jofré Borgia), Roberto Álvarez (Burkard), Linda Batista (Sancha de Aragón), Antonio Dechent (Michele Corella), Roberto Enríquez (Paolo Orsini), Eusebio Poncela (Cardenal Giuliano della Rovere).r: Jaume Roures.-Mus: Ángel Ilarramendi.-Dur: 120 min.-Estreno en España: 6 de octubre 2006.-Dis: Deaplaneta.