La vida es un milagro

Tragicomedia de amor en Bosnia

De nuevo Kosturica se copia a  sí mismo en un tragicómico canto de amor loco, con escapada al sueño, para denunciar la absurda guerra de Bosnia. Un exceso cinematográfico, también en su metraje, una fiesta icónica y un canto al amor .

Luka (Slavko Stimac) , un ingeniero de Belgrado de cincuenta años, se traslada en vísperas de la guerra de 1992 a un pequeño pueblo bosnio de  tierra adentro. Su misión es construir un ferrocarril y así contribuir al desarrollo turístico y comercial de la región. Con él se encuentran su esposa Jadranka (Vesna Trivalic), ex cantante de ópera, enloquecida por su alergia al polvo y su hijo Millos, que juega al fútbol y aspira a hacerlo en el equipo  Patizan de Belgrado. El ingeniero es un hombre optimista pero en sus planes interfiere la  guerra de los Balcanes.

Su mujer, aprovechando la confusión, huye con un músico húngaro. Mientras tanto el hijo, llamado a filas, cae prisionero del enemigo. Es la guerra. Pero entre las bombas que explotan, las ráfagas de mertralleta y los soldados que se masacran, Luka no deja de construir su ferrocarril sin perder la esperanza de que algo ocurra. De pronto aparece una joven enfermera musulmana, Sabaha (Natasa Solak), que puede significar la liberación de la cárcel de su hijo, si es utilizada como rehén de intercambio.

Pero Sabaha es tan dulce y bella que Luka se enamora de ella.

Con evidente homenaje al Frank Capra de “¡Qué bello es vivir!” en el título, la película es un canto al amor desde las coordenadas típicas de Kosturika: la vida y la exhuberancia.  Como  en “El tiempo de los gitanos” , el film surge de un paroxismo y de una gran carga energética inicial. El amor es estallido, fuerza, que consigue abrazar dos “enemigos” involuntarios con una unión más cálida que la nieve que les rodea, la frialdad de la guerra y todas las limitaciones, un amor que es capaz  de romper los techos y vuela al cielo. Un amor que contrasta con el telón de fondo de una guerra absurda, en la que todos están equivocados y ninguno tiene la razón. Es la guerra que desde las pantallas de la televisión americana, tan lejana a la realidad yugoslava,  parece una caricatura, la guerra que convierte un partido de fútbol en un feroz encuentro étnico, la guerra con otra cara, ld de oficiales que se desahogan llamando a teléfonos eróticos.

El estilo báquico y rompedor de Kosturica se pone al servicio de una historia real, una especie de  Romeo y Julieta en Bosonia, que le contó al director un combatiente servio que fue transferido a Tolosa durante la contienda que comenzó en 1992. Dice Kusturica que «quería contar la guerra desde otro punto de vista, sin hablar de ideologías, sino a través de un argumento con una fuerza shakesperiana, sin señalar culpables». Algunos le echan en cara su postura descomprometida con el horror que se vivió en su país, que escapa de la auténtica denuncia. La anécdota fue madurando en un film que va más allá de las ideologías y las denuncias de una y otra parte para convertirse en una borrachera de imágenes llenas de poesía, vis cómica, donde todo el mundo es actor: desde las gallinas y burros, a los gatos, perros, ocas y osos pasando por el paisaje y la vida humana. Hombres y animales componen la metáfora de la locura de un film pletórico, excesivo en todas sus facetas, también en las dos horas y media de metraje, con predominio de la música, trasunto de esta sinfonía de vitalidad. Quizás a esta excesiva y personalísima película de Kosturica le sobran probablemente veinte minutos.

Imágenes que además recuerdan films anteriores del mismo autor: "Tiempo de gitanos", "Underground" y, sobre todo, la extraordinaria "Gato blanco, gato negro". Más que  copiarse Kusturica a sí mismo,  se mantiene fiel a su propio lenguaje completamente personal.

         La primera parte es una fiesta, una epilepsia colectiva que propone los elementos del drama. La segunda se centra en una economía expresiva, muy sensual al servicio del amor imposible. Y la tercera es un epílogo o catarsis de la tragedia en que todo parece recuperar su sitio ante la mirada de un ángel-asno guardián.

         Se trata de un paso adelante de un cineasta acusado de pro-servio que en esta celebración de la vida intenta ir más allá de toda opción política proclamando la insania de la guerra desde una cierta demencia icónica. Su film, premiado en Cannes y Valladolid, no es perfecto, ni creo que haya pretendido serlo, pero merece el reconocimiento que supone seguir realizando cine de autor en un momento en que casi nadie se atreve a  hacerlo. Quizás por eso, más allá de que sintonicemos o no con él, este film también sea un milagro.

 

 T.O.:"Zivot je cudo") P.: Francia/Serbia-Montenegro .Les Films Alain Sarde, Cabiria Films, France 2 Cinema, Studiocanal  (2004). D: Emir Kusturica G.. Ranko Bozic, Emir Kusturica. F: Michel Amatieu.. Mon: Svetolik Zaul.. M: Dejan Sparavalo, Emir Kusturica. I.: Slavo Stimak (Luka), Natasa Solak (Sabaha), Vesna Trivalic (Jadranka), Vuk Kostic (Milos) Dis: Estreno e. En España: 21 Enero 2005.

 

 

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