La bicicleta de Pekín
Bicis para la libertad
La bicicleta, como icono, se ha convertido en todo un símbolo literario y
cinematográfico. Premio, sueño, objeto de deseo en los años infantiles y
juveniles es también medio de transporte y trabajo para los pobres. No en
vano, como dice Fernán Gómez, Alas bicicletas son para el verano. En la
historia del cine este símbolo se identifica con el clásico del neorrealismo
Ladron de Bicicletas de Vittorio De Sica, un film que, además de Aun paseo
de un padre y su hijo por las calles de Roma, como la definió en su día el
gran crítico Andrè Bazin, focalizaba la denuncia social de la situación de
la clase obrera después de la posguerra europea.
Ha llovido mucho desde aquel hermoso film a La bicicleta de Pekín, del joven
realizador chino Wang Xiaoshuai, quien, después de diversas luchas con la
censura en sus films, como The Days (1993), Frozen (1995) --firmada con el
seudónimo de Wu Min-- y Vitnamese Girl (1995), remontada, también por la
intransigencia de la Oficina China del Cine con el título de So close to
Paradiese, y tras The house (1999), ha triunfado con el film que nos ocupa
en el último festival de Berlín (2001). La película obtuvo el Oso de Plata,
el Gran Premio del Jurado y el premio a los mejores actores reveleación (Li
Bin y Cui Lin).
Dos ingredientes se mantienen del viejo film italiano: el robo de la bicicleta
a un trabajador y su búsqueda angustiosa. Lo demás no tiene nada que ver. Aquí
se trata de un joven campesino, Guei, que emigra del campo a la ciudad de Pekín,
y obtiene su primer trabajo como mensajero. El empresario de La entidad
repartidora pone como aliciente a los jóvenes trabajadores llegar a ser
propietarios de la bici a través de su trabajo.
A Guei le roban la bicicleta, apenas la ha adquirido mediante su esfuerzo, y
el tenaz campesino la busca incansable entre miles por el bosque circulatorio
de Pekín. Quiere la casualidad que un amigo la encuentre. Otro joven, Jian,
estudiante perteneciente a una familia modesta que sueña también con una bici
como modo de relación con una chica y sus amigos, la acaba de adquirir de
segunda mano tras robar sus ahorros a su padre. Los caminos de ambos muchachos
se entrecruzan en torno a un símbolo de su vida y sus sueños en la ciudad.
El film, bien lejano de aquella mirada con plano-secuencia del neorrealismo,
arranca con un buen ritmo, casi alegre y occidental en su contemplación de la
ciudad y observación de los personajes, en la que no faltan los planos cortos y
acompasados con la música del momento. La película pretende así ofrecer los
contrastes y las mentiras de la gran ciudad donde se lucha por sobrevivir.
Luego se va haciendo premiosa y reiterativa para desembocar en un drama tibio que
casi no se sabe qué quiere decirnos. Quizás que ambos muchachos son víctimas del
gran montaje ciudadano. El film tiene un guión discreto, una factura desigual y un
desenlace fallido. Se trata de una película aceptable que parece pretender acercar
el cine chino a la comprensión occidental. Tiene una excelente interpretación, que
merece el premio. Pero personalmente no entiendo los demás galardones, que fueron
justamente contestados en Berlín.
Su mayor logro es centrarse en la bicicleta como símbolo. Lo dice el propio director:
La bicicleta ha sido siempre uno de los símbolos de Pekín e incluso de China en
general. Durante años, era el único modo de transporte para toda la familia. Cuando
era pequeño, el hecho de tener varias bicis era un signo de riqueza o de
desenvoltura. Antes del periodo de la apertura de China, el nivel económico y social
de una familia se medía por lo que se llamaban los ¡4 grandes!: el reloj, la máquina
de coser, la radio y la bicicleta. Hoy los 4 grandes ya nos lo que eran...@ Para Wan
Xiaoshuai ahora la bicicleta se ha convertido en China en el signo de la falta de
medios y representa en alguna manera las grandes diferencias que hay en aquel país
entre la ciudad y el campo. La bicicleta no es sólo una forma de supervivencia para
el protagonista campesino, es su forma de afirmación en la gran ciudad, como para el
estudiante lo es en su entorno estudiantil y frente a su novia.
Otra faceta interesante del film es el doble mundo que recoge de la ciudad. La
aglomeración de las grandes avenidas, los edificios-colmena y nuevos hoteles lujosos,
tras el aperturismo a Occidente, y a lado las viejas callejuelas donde transcurren
las persecuciones en bici, el contraste entre el mundo contemplativo oriental, y el
ritmo y la falsedad del desarrollo del consumismo occidental. En este sentido otro
icono de esta paradoja es la chica que ve Guei y su amigo como un sueño imposible
en el lujoso apartamente de enfrente y que no es lo que parece. Nada en la ciudad en
realidad es lo que parece. Lo que valen son los sentimientos, la actitudes de fondo.
Como Guei es la fortaleza y autenticidad del campo, Jian representa la mentira y la
agresividad del neoliberalismo competitivo. En la aparente reconciliación que la
historia de ambos parece propiciar vence en realidad el mundo destructivo de Jian.
De excelentes intenciones y agradable realización, no exenta de ciertos toques de
humor, La bicicleta de Pekín, roza en momentos la inspiración y el arte, pero se
queda como conjunto en una más que aceptable película, fallida sobre todo en su
segunda parte y culminación. Hay años luz, aparte de mucha distancia cultural,
ideológica y estética entre el clásico neorrelista y esta denuncia china
postaperturista.
Tanto como como lo que media entre el arte y la tibieza posmoderna.
Título original: Beijing Bicycle. Guión y diálogos: Wang Xiaoshuai, Tang
Danian, Peggy Chiao y Hsu Hsiao-Ming. Dirección: Wang Xiaoshuai. Producción:
Pyramide Productions / Arca Light Films, dentro de la colección ALa China Moderna@ (China,
Taiwan, Francia, 2001). Producción: Peggy Chiao, Hsu Hsiao-Ming y Han Sanping.
Música: Wang Feng. Fotografía: Liu Jie. Montaje: Liao Ching-Song.
Sonido: Tu Duu-Chiih. Música: Wan Feng. Vestuario: Pan Yan.
Dirección artística: Tsai Chao-Yi y Cao Anjun. Interpretación: Lin Cui (Guo
Liangui), Xun Zhou (Qin), Yuanyuan Gao (Xiao), Shuang Li (Da Huan), Yiwei Zhao (padre),
YanPang (madre), Fangfei Zhou (Rongrong), Mengnan Li (Qiu Sheng). Duración: 113 min.
Premios: Oso de Plata, Gran Premio del Juarado y Premio a Mejores Actores
Revelación (Li Bin y Cui Lin) en Berlín, 2001. Distribución: Vértigo.