Karol

Culebrón con agua bendita

Miniserie televisiva que reduce y simplifica la vida de Karol Wojtyla a un lacrimógeno culebrón de efectistas y dramáticos  enfrentamientos con nazis y soviéticos, con buena interpretación, pero sin ahondar en la raíces que forjaron el alma compleja del fallecido Papa.

  Todo el mundo sabe que la biografía de  Karol Wojtyla hasta que fue elegido papa es ya en sí misma una brumosa novela eslava que tiene de todo: orfandad, ocupación nazi y soviética, persecuciones, campos de concentración, resistencia, teatro, deporte, amor, clandestinidad, misticismo… Es pues en sí misma un potencial argumento de película río, que ya había ensayado el director Krzysztof Zanussi, a medio camino entre el documental y la ficción, en “De un pais lejano” (1981) pero con la impronta estética de un director de raza.

Sin embargo el lanzamiento de “Karol, el hombre que llegó a ser papa” es  todo un intento de telemovie  y por tanto de puesta en escena y recreación de ese periodo de la vida de Juan Pablo II. La película, en esta su primera parte,  estaba lista cuando aún no había fallecido el pontífice, que pudo saludar a algunos de sus actores en el periodo de rodaje. Ha sido estrenada en la RAI y en cines polacos con el previsible éxito. Ha merecido el elogio, en cuanto a su contenido, de Benedicto XVI. En España se ha orquestado una masiva distribución en dvd.

¿Qué es “Karol”? Si hubiera que calificarlo en dos palabras, diría que “un culebrón con agua bendita”. Escrita y dirigida por Giacomo Battiato, en base a un libro del periodista italiano de origen polaco Gian Franco Svidercoschi y con música del aplaudido Ennio Morricone, la miniserie televisiva, de tres horas de duración, arranca con la invasión nazi de  Polonia y un Wojtyla estudiante en Cracovia  junto a su padre viudo. A partir de ese momento asistimos a una serie casi no ininterrumpida de efectistas escenas de persecución, buenos y malos, héroes y villanos, entre los que se mueve incorruptible el joven idealista Karol, que aparece como una víctima  resistente y sensible al mismo tiempo de todos estos desmanes políticos.

Como biógrafo de Juan Pablo II[1], que he tenido que investigar en las fuentes de su apasionante peripecia polaca, me parece en primer lugar un craso error hurtar al espectador la época clave de su infancia, que le marcó profundamente. Es cierto que ya el film es lo bastante largo con el periodo que relata, pero al menos debería haber hecho referencia icónica, mediante flash-backs, a su orfandad de madre, su colegio, su pueblo, sus amigos judíos, etc. Resuelta luego en una cadena de situaciones dramáticas e impactantes, no mal rodadas en cuanto a ambientación, reconstrucción de época y movimiento de masas, la serie reduce la complejidad del perfil humano de Wojtyla a un joven heroico y un tanto lacrimógeno, que poco tiene que ver con el vigor de carácter del actor-resistente-sacerdote que curtió su personalidad en la dureza del patriotismo y la religiosidad más tradicional.

No es malo el recurso de sintetizar las diversas amigas/enamoradas de juventud de Karol en una sola muchacha (Malgorzata Bela)  y hay que reconocer que el actor Pietor Adamczyk realiza un trabajo encomiable de interpretación del personaje de Karol -basado más en su interior que el parecido físico-, dentro de lo que le permite el guión, pensado en términos, como he dicho, de culebrón televisivo. Es éste el gran agujero del film, que peca incluso en su estructura. Se le va de las manos a su director, por haber alargado la primera parte (nazis y rusos), mientras que la última, la del Karol obispo queda simplificada hasta el extremo de que no nos enteramos cómo llega a cardenal y mucho menos el interesante trasmundo del cónclave que le convertiría en papa. No son los únicos episodios que lamentablemente se escamotean al espectador, como por ejemplo, su doctorado en Roma, sus años de cura de aldea, que podrían haberse resuelto con algunos flashes imprescindibles.

¿De qué sirve “Karol”? Posiblemente de divulgación masiva de algunas historias sobre todo sociopolíticas y desconocidas para un espectador popular que configuraron al famoso pontífice. Pero de poco más, pues aparte del estilo lacrimógeno y simplificador, nos quedamos sin saber quién es en realidad Karol. Es cierto que Wojtyla ha sido un papa enigma en muchos aspectos, poliédrico y difícilmente calificable. Pero este culebrón religioso no nos ayuda a comprender su misterio, ni siquiera da claves más allá de las propias del héroe esquematizado y el hombre sufriente víctima de los males de su tiempo. Queda pendiente pues el gran film sobre Wojtyla, que estoy seguro algún día se hará. El personaje, su figura humana, y su influjo catalizador en la historia del siglo XX lo merecen.

Italia D.: Giacomo Battiato. G: Giacomo Battiato y Gianfranco Svidercoschi. P.:Pietro Valsecchi I: Piotr Adamczyk, Malgosia Bela, Kaja Bien, Szymon Bobrowski, Jakub Bohosiewicz, Raoul Bova, Konrad Bugaj, Ana Cieslak, Matt Craven, Sambor Czarnota, teusz Damiecki, ndrzej Deskur, Ken Duken, Ennio Fantastichini, Beata Fido, Gabriela Frycz, Roma Gasiorowska, etc. F:Giovanni Mammolotti. Mús: Ennio Morricone


 

[1] P. M. LAMET, Juan Pablo II, hombre y papa , Espasa, Madrid, 2005