A good wooman

Wilde según Holywood

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una adaptación tan correcta como funcional y descafeinada de Óscar Wilde en aristócratas americanos de los años treinta trasladados la Costa Amalfitana, que cumple sin creatividad con sus fines comerciales y que al fin y al cabo nos devuelve una vez más la palabra de Oscar Wilde.

El éxito de Oscar Wilde ahora mismo puede deberse a que, salvando las distancias, hay ciertos paralelismos entre la época victoriana y la nuestra. Por ejemplo, la hipocresía y el deterioro moral de la clase burguesa, la falta de valores y la desorientación general. Sea como fuere, se ha puesto de moda Wilde. Si bien todos los cinéfilos recuerdan la adaptación de “El abanico de Lady Windermer” realizada por Ernst Lubitscht en 1925, especialmente meritoria por adaptar una comedia, que es esencialmente palabra, al cine mudo. Por no hablar de las diversas adaptaciones de “El retrato de Dorian Grey”, de “Un marido ideal” y de “La importancia de llamarse Ernesto”. Sin ir más lejos, par pronto se anuncian otras dos adaptaciones al cine  de “El retrato”, que confirman este interés por Wilde, puesto de manifiesto en el todavía reciente film biográfico de este gran autor realizado por Brian Gilbert  en 1997.

“A good woman” nos devuelve una vez más “El abanico de Lady Windermer”, esta vez  en una vacaciones de estadounidenses de alto standing en la bella costa amalfitana durante los años treinta y precisamente en plena depresión. En este caso se trata de   un joven matrimonio que sufre las consecuencias de un peligroso rumor que corre por la aristocrática colonia de Amalfi. Robert Windermere (Mark Umbers) es acusado de proporcionar cuantiosas sumas de dinero en secreto a Mrs. Erlynne (Helen Hunt), una hábil mujer madura de dudosa reputación, mientras que su mujer, la joven Meg Windermere (Scarlett Johansson) llama la atención de Lord Darlington (Stephen Campbell Moore), un conocido playboy. La llegada de la sinuosa y fatal Mrs. Erlynne a la Costa Amalfitana la convierte en el foco de atención de todos los hombres de la Riviera, en especial de Lord Augustus "Tuppy" (Tom Wilkinson), quien le propone matrimonio. En el 21 cumpleaños de Meg la situación llega a un punto crítico, la joven esposa despechada huye de la fiesta para fugarse con el atractivo Lord Darlington. Cuando la verdad se descubre, las acusaciones y dudas conyugales se disipan, pero un oscuro secreto de familia cae sobre ellos. Mrs. Erlynne sacrifica la oportunidad de un matrimonio feliz con Lord Augustus para permitir que Meg no cometa el error de escapar con Lord Darlington. Felizmente con su marido, Meg confiesa sus pecados a Tuppy, limpiando así la reputación de Mrs. Erlynne.

         Una vez más es la palabra exquisita y el cotilleo de alto nivel que caracteriza a Wilde  -tan propio de la sensibilidad homosexual- es el verdadero protagonista de esta comedia galante con el doble propósito en su tiempo: fustigar la hipocresía burguesa victoriana deleitándola. Siempre, como toda obra teatral se convierte aquí en todo un reto para el cine: compensar con imagen en movimiento tanta carga verbal.

         Mike Barker ha optado por respetar esa palabra y envolverla en una buena ambientación de época y una interpretación más que aceptable. El paisaje, los salones, el vestuario y sobre todo el contraste de las dos mujeres que protagonizan el film, Helen Hunt y Scarlett Johansson (recordamos su espléndida interpretación en “La chica de la perla”), que representan respectivamente la refinada sutileza perversa de la mujer frente a la lozanía sensual e inexperta de la joven Lady Windermer. Estas dos intérpretes y sus primeros planos de corte televisivo llevan el peso del film, que no pasa de ser un vehículo funcional a veces premioso y carente de creatividad estética.

         Nunca la adaptación puede ser una traslación de la obra literaria al celuloide, sino una recreación. Aunque Barker salva con bastante acierto, gracias a la puesta de escena y la movilidad de la cámara, la carga de diálogos – Wilde es, como siempre, lo mejor de la película- no hace la relectura de la obra desde dentro, necesaria para que ésta nos cautive como cine.

         No obstante la película se sostiene bien y se convierte en un Wilde descafeinado según Hollywood, donde el final feliz y el “amor y lujo”, que siempre  venden, acaba venciendo sobre la crítica social.  A más de cien años de su muerte, recordar a Wilde no es casual. Desde una posmodernidad vacía, donde no faltan los que defienden que  el arte no sirve para nada, por no decir incluso el humanismo como tal, volver a Óscar Wilde es un refresco.  Desde este siglo despiadado e injusto esta recuperación se ha convertido hasta en una necesidad. Su ingenio, su alegría, su capacidad de sufrimiento, su sutileza y sobre todo su  honradez constituyen claras añoranzas para una sociedad tan aburrida o más que la victoriana.

Esta versión no desmerece aunque tampoco convence. Como ha dicho algún crítico,  es una buena película para llevarte a los abuelos una tarde al cine. Al director hay que agradecerle que al menos ha sido humilde. Y al final se impone esa eficacia industrial del cine estadounidense, incluso cuando está ausente el genio y la divina chispa de la  inspiración.

T.O.:"A good woman" P.: Italia, Reino Unido y España (2004) Pr: Alan Greenspan, Howard Himelstein, Jonathan English y Steven Siebert. D: Mike Barker. G.: Howard Himelstein; basado en la obra "El abanico de Lady Windermere" de Oscar Wilde. F: Ben Seresin. Mon: Neil Farrell. M: Richard G. Mitchell. I Helen Hunt (Mrs. Erlynne), Scarlett Johansson (Meg Windermere), Tom Wilkinson (Tuppy), Stephen Campbell Moore (Lord Darlington), Mark Umbers (Robert Windermere), Milena Vukotic (Condesa Lucchino), Diana Hardcastle (Lady Plymdale), Roger Hammond (Cecil), John Standing (Dumby), Jane How (Sra. Stutfield). Dis:. Estr en España: 10 Junio 2005.