Siempre hace buen tiempo

Category Archives: Poemas

El indecible

TENGO una noche entre los labios tímida
cuando te nombro a ti. Que nombro al que no sé.
Digo: ventisca, pipa, primavera,
auto sedán, arbusto, caminata…
¿Y qué digo? No sé. Digo lo ignoto.
Te digo albor, te nombro suavemente
y me quedo en el no-decir encarcelado.
Cada ola de voz es tu misterio,
cada intento un aroma. Si pudiera decirte,
me abriría de la angostura-madre: la palabra.

(De El templo de la sorpresa, 1976)

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Voy de viaje

Te tengo entre las manos y el volante. ¿Me
llevas o te llevo hacía la noche? Rumores de
motor, cruzar de árboles, un valle de
crepúsculos al fondo que fue y no es, que viene
y que se queda. ¡Ay rincón, ay pedazo de tierra
y casa blanca al recodo del mar, donde dejarse!
Cada lago en la orilla se me escapa. Azulverde,
el paisaje más querido se esfuma en los cristales
de la tarde. Hay familias que charlan en un
porche y ventanas con luz a medía música, y
parejas de amor colgándose del aire. ¿He de
prender los faros en la curva? Un mordisco de
cielo entre las nubes me vuelve a ti, perdido en
un instante. Me has atado a la rueda y al
camino. Todo lo tengo en, ti. De mí no sabe
nadie. Hoy el amor a «más» calienta las
tinieblas. Acelero en la noche. ¿A dónde
vamos? Yo no lo sé, mi amor…, voy de viaje.

(De Los cuadernos del nómada, 1976)

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El primer frío

Con el pálido color de tardes solitarias
ha venido a mi cuello el primer frío, enturbiando
el tendón de una sonrisa y aquel hielo polar
de allende los glaciares que dejara mi casa
transparente y perdida.
Ha pasado, cruzando la ventana, el más largo verano
de una vida. ¿Tanto calor caído en una tarde?
Agosto prematuro de Polonia, desierto de Madrid
Con humo en el asfalto y el horno humedecido
de las noches eternas en el trópico…
Entre otoños de oro la nieve me ha soplado
-ay tela de cretona y media luz de lámpara en la
celda de paso hacia la libertad.
Con el pálido tiemblo de tardes ya menudas
ha mordido en mi cuello el primer frío.
¿Existirá, Dios mío, el calor en tu abrazo?
Sólo soy la secuencia de un film entrecortado
a mitad de camino entre el fuego y la noche.

(De Volver a andar la calle, 1982)

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El ángel recupera el mar perdido

Casi al borde del mar, mi adolescente ha
encontrado la brisa que dormita junto al
porche de casa y la serena claridad con
que me escribes Señor de la penumbra
hasta envolver el ser con tus silencios.
Apariciones de Ti tu ángel me mostraba: la
buganvilla, el cactus, las caléndulas, la
viejita sentada sobre el mimbre, de un sol y
sal emborrachando el aire y las voces de
niños tan lejanos trayendo de la playa sus
colores
o la muerte, ataviada de púrpura y violeta,
de mi tarde.
Ya soy, lo sabes, tan uno con mi todo y tan partido
que el espejo se ha roto
y hasta ausente te parezco de pobre y derramado.
Gracias, ángel, al fuego con que miras
dando mi nombre al ser de cada cosa.
Gracias, ángel al fuego con que nombras
a partir del amor las luces del desierto,
que rasga en un instante lo escondido
aquel borde de mar de adolescente.

(De Volver a andar la calle, 1982)

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Nostalgia de Cádiz

Besada por la luz, entraña clara
con que mira hacia el mar la bailarina
vestida de sus olas, capitana
desde el puente del sol de la bahía.
Estallido de cal en la que danzan
las palmeras y el viento que te admiran,
cantándote alegrías gaditanas
desde el Puerto a la Torre de Tavira.
¿Quién dejó para siempre tu sonrisa
en pos de otros menires y otras tierras?
¿Quién se olvidó del alma de tu brisa
para dejarte sola en tu tristeza?
Desterrado del mar y de tu calma,
pone rumbo hacia ti la barca mía:
Hoy te añora mi verso en lejanía,
Cádiz que no se borra de mi alma.

(De Como el mar a la mar, 1995)

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A Don Quijote de la Mancha

Para seguir tus pasos de aventura
y  desterrar del mundo la tristeza,
quiero heredar un gramo de tu fuerza,
hermano en el ensueño y la locura.

Quiero embriagarme de tu desventura,
contigo cabalgar y con llaneza
desfacer el entuerto y la flaqueza
que empañan de injusticia la hermosura.

Quiero contigo alzarme a lo imposible,
volverme niño, salvar a Dulcineas,
matar molinos, conquistar aldeas

y cuanto pide al alma la esperanza;
sin que de tanto atarme a lo visible
me vuelva cuerdo como Sancho Panza.

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