Yo te absuelvo, majestad: Confesores de reyes y reinas de España

Texto de Contraportada

Los confesores reales no se limitaron a perdonar los pecados a los monarcas: amigos, confidentes, ayudantes e incluso consejeros de gobierno han estado a la sombra del poder a lo largo de la historia de España, suscitando siempre una gran polémica.
Reyes y reinas les relataron sus más profundos secretos. Convertidos en leales compañeros, las tareas que les encomendaban llegaron a ser de lo más variopinto. Así, Isabel la Católica envió a su capellán Alonso de Coca a las cortes de Francia y Aragón para que le aconseja ra por cuál de sus pretendientes debía decidirse para contraer matrimonio; algunos de los confesores de Carlos II el Hechizado actuaron como exorcistas, intentando encontrar una cura a los males del monarca, y el padre Claret, confesor de Isabel II, no sólo medió en los amoríos de la reina sino que promovió el proyecto de construcción de la catedral de la Almudena junto al Palacio Real.
Pedro Miguel Lamet analiza la relación de los confesores con los reyes y reinas de España hasta que su gran influencia los convirtió en personajes odiados y temidos, envidiados por unos y respetados por otros. El rigor histórico y la documentación se mezclan aquí con un tono literario y ameno para desgranar curiosidades y anécdotas, que desvelan cómo era la vida en la corte y detalles íntimos de la personalidad de los monarcas.

Una apasionante visión de la historia de España a través de dos instituciones, la monarquía y la Iglesia, cuyas trayectorias han corrido paralelas hasta nuestros días.

Contenido

Introducción
Una figura en la sombra

CAPÍTULO I
«El alfaquí cristiano»

CAPÍTULO II
A la sombra del emperador

CAPÍTULO III
El santo duque

CAPÍTULO IV
Historia de una intolerancia

CAPÍTULO V
Los hechiceros de «el Hechizado»

CAPÍTULO VI
Jesuitas y Borbones

CAPÍTULO VII
Junto a la reina de «los tristes destinos»

Notas

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La influencia del confesor real en los monarcas, desde el siglo XV a nuestros
días.

El retrato. Imago hominis

Qué he pretendido con este libro

De nadie probablemente se han escrito tantos libros  en la historia como sobre Jesús de Nazaret. Pero en su mayoría son estudios de eruditos, vidas piadosas, libros de investigación y divulgación teológica. Es cierto que existen también numerosas novelas que le  presentan como figura de fondo: Desde Ben-Hur yQuo vadis a otros acercamientos más afortunados como Marco el romano o  Cartas a Nicodemo, entre otras muchas.

Pero en ninguna de estas numerosas obras había encontrado, como lector, expresado de forma narrativa lo que andaba buscando. ¿Cuál era el entorno real mostrado al vivo en que se movió Jesús? ¿Qué sintieron sus amigos y conocidos al encontrarse con él? ¿Cuáles fueron sus reacciones y motivaciones cotidianas? ¿Cómo eran físicamente y psíquicamente sus discípulos? ¿Qué condicionamientos culturales, políticos y económicos le rodearon? ¿Qué podía pensar de él un romano, un griego un hombre de la calle de su tiempo que lo observara desde fuera? ¿Cuáles fueron los motivos sociopolíticos por los que lo condenaron y ejecutaron? ¿Se enamoró? ¿Por qué se alejó de su madre? ¿Cómo comía, dormía,  caminaba? ¿Por qué se alejó de la gente después de su éxito popular con las masas? ¿Cuál era su mundo interior? ¿Qué es realmente lo más específico de su mensaje como para desafiar al paso del tiempo?

Es claro que muchas de las respuestas a estas preguntas están ya en los libros. Sobre todo en los estudios más recientes sobre el Jesús histórico, algunos de ellos no confesionales y en otros admirables estudios cristológicos.  Pero la mayoría son inasequibles y tediosos para el gran público. De aquí que se me ocurriera escribir una novela que acercara de forma amena y viva a la gente todos estos nuevos y viejos conocimientos. Aunque sin renunciar, desde luego, a la imagen que nos ofrecen de él los evangelios y la tradición cristiana.

El retrato relata la investigación de un tribuno romano, Suetonio, enviado por el emperador Tiberio a Palestina como espía, a raíz de los tremendos errores políticos del prefecto Poncio Pilato con los nacionalistas rebeldes zelotas y la población judía.  Como escritor, historiador y poeta, este enviado tiene muchas similitudes a un escéptico hombre de hoy inmerso en una sociedad plural y confusa, dominada por el imperio; también con no pocas semejanzas a nuestro globalizado mundo actual. Le acompañan, además de  Raquel, una esclava judía de la  que está enamorado, un culto filósofo griego, Aristeo, y un soldado violento, su lugarteniente Glauco. Durante su viaje iniciático, que transcurre pocos meses después de la crucifixión de Jesús, andará por los caminos del Maestro, se entrevistará con los personajes que le conocieron, se apasionará por encontrar su retrato perdido y las principales claves de su vida.

Todo ello me permite describir los paisajes, la geografía, la historia, los problemas culturales y económicos del entorno de Jesús, con bases documentales y arqueológicas.  Y sobre todo describir a sus discípulos, seguidores y amigos, desde Zaqueo a Pedro, pasando por María Magdalena, Andrés, Lázaro, Juan, Leví Alfeo,  Nicodemo, y la propia madre de Jesús, junto a otros muchos, entre los que no faltan sus enemigos y la anónima gente del pueblo.

Fruto de muchos años de meditación y estudio, he intentado abocetar un retrato de Jesús desde fuera y desde dentro, que pueda interesar tanto a creyentes como agnósticos, pero sobre todo que pueda leerse –así lo espero- casi como un trhiller. Eso sí, esforzándome en ser enteramente riguroso con los datos y fuentes que hasta ahora disponemos, sin ceder a muchas hipótesis esotéricas ni a las frecuentes invenciones de numerosos  y recientesbest-seller, a los que doy muy escaso valor.

Esto es lo que he pretendido para responder a un sueño incumplido. Lo he hecho con el cariño y cuidado que me merecen el personaje, para mí el más apasionante de la historia y de mi propia vida. Ahora es el lector el que tiene la palabra.

Contenido

Proemio. «Imago hominis»

  1. Tiberio
  2. Raquel
  3. Yeshua Bar Abbá
  4. Bonos el Esenio
  5. Andrés
  6. Marco
  7. Sara
  8. Leví Alfeo
  9. Absalón
  10. Zaqueo
  11. Lázaro
  12. Nicodemo
  13. Matatías
  14. Poncio Pilato
  15. Simón Pedro
  16. José de Arimatea
  17. Simón de Cirene
  18. María de Magdala
  19. Juan del Zebedeo
  20. María de Nazaret

Epílogo. Al que leyere

Apéndice. Historicidad y fuentes

Críticas, recensiones y comentarios

 

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El retrato
Imago hminis

Editorial: La esfera de los libros
Colección: Novela histórica
Páginas: 406
Cubierta: Cartoné
Precio: 21,00 Euros

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El aventurero de Dios

Texto de Contraportada

Un judío converso que huye de la Inquisición se encuentra en Lisboa con un intrépido joven llamado Francisco de Javier. Gracias a este personaje conoceremos los viajes y travesías casi sobrehumanas del santo que será llamado “el gigante de la historia de las misiones”.
El protagonista de esta narración nació en 15o6 en el castillo de Javier, en Navarra, entonces independiente de Castilla. Sus hermanos lucharon en la toma de Pamplona, defendida por Ignacio de Loyola, quien más tarde convencerá a Francisco para que se sume a la naciente Compañía de Jesús.
Ese encuentro transforma su vida. Se embarca en una de las naos que entonces hacían la Ruta de las Especias y emprende su gran sueño: propagar la fe cristiana por las ignotas tierras de la India, Indonesia y Japón. Se transforma así en un verdadero aventurero de Dios que termina muriendo en soledad a las puertas de China, con cuarenta y seis años de edad.
Los viajes y hazañas de Francisco de Javier parecen inconcebibles hoy: uno de cada tres días de su vida lo pasó navegando. Solía decir: “Si no encuentro una barca, iré nadando”. En medio de tempestades, piratas, capitanes corruptos, climas infectos y otras mil dificultades y privaciones, se mantuvo firme en su ideal. Sus cartas se convirtieron en crónicas de primera mano que se leían con avidez por toda Europa.
Esta novela recoge, quinientos años después de su nacimiento, la aventura espiritual y humana de un hombre extraordinario. Un relato en el que no faltan valientes pescadores de perlas del sur de la India, eruditos monjes zen del misterioso Japón, las miserias y ambiciones de comerciantes, soldados y gobernadores… Sus páginas recrean el complejo mundo del siglo XVI: la vida cotidiana, la política, el comercio, la navegación y el encuentro intercultural y religioso de Europa con aquellas tierras desconocidas.

Contenido

I.            La hoguera de Lisboa
II.           La corte de «El Rey Piadoso»
III.          El muelle de las lágrimas
IV.          Alta mar
V. El cementerio de los portugueses
VI.          El castillo de Javier
VII.         En guerra con Castilla
VIII.        De Socotora y París
IX.          Lisboa de Ultramar
X.           La más dura pasta
XI.          El hombre de la campanilla
XII.         Por tierras de Lutero
XIII.        Los pescadores de perlas
XIV.        Compañeros de Jesús
XV.         El tesoro de la pagoda
XVI.        Poderes de este mundo
XVII.       La matanza de Manár
XVIII.      Tumba de Santo Tomás
XIX.        La puerta de las especias
XX.         El cangrejo y la cruz
XXI.        Islas de esperar en Dios
XX1I.      Nuevos horizontes
XXIII.      Dos virreyes
XXIV.      El país de Anjiró
XXV.       El «rey» del Japón
XXVI.      Entre Deus y Dainicbi
XXVII.     El gran sueño de China
XXVIII.    La peste de Malaca
XXIX.      Ocaso en Sancián
XXX.       El cielo de Lisboa

Apéndice.
Fuentes e historicidad de este libro

Para saber más sobre San Francisco Javier haz un “clic”

Presentado “El aventurero de Dios
Comentarios y recensiones
Espectáculo en vivo sobre Javier

 

 

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El aventurero de Dios:
Francisco de Javier

Editorial: La Esfera de los libros
Colección: Novela histórica
Páginas: 742. Con cuatro cuadernillos de ilustraciones a color.
Cubierta: Cartoné.
Precio: 26 Euros

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Díez-Alegría: un jesuita sin papales. La aventura de una conciencia

Texto de Contraportada

Lleno de vitalidad a sus 94 años de edad, el teólogo José María Díez-Alegría sigue siendo un auténtico revolucionario de la palabra y el pensamiento. Uno de esos personajes que van por delante de su tiempo, un católico reformista, amigo de lo políticamente incorrecto, que en otra época probablemente hubiera sido quemado por hereje.

Sus opiniones críticas sobre algunos de los grandes tabúes de la Iglesia —los temas candentes de la moral sexual, la propiedad privada, la infalibilidad, el marxismo, la Teología de la Liberación, entre otros—, manifestadas con candorosa sencillez, han levanta do ampollas. Todo ello, muy a su pesar, ha hecho de él un fustigador del catolicismo oficialista y uno de los artífices mas valientes de lo renovación que promulgo el Concilio Vaticano II

Su personalísima visión de la religión y la fe, expuesta con lucidez y honestidad en su libro Yo creo en la esperanza, le costó la exclaustración y la salida de la Compañía de Jesús, a la que sin embargo ha seguido vinculado toda su vida.

Esta magnífica biografía, fruto de largas conversaciones entre José María Díéz-Alegría y el escritor y periodista Pedro Miguel Lamet, es un estudio documentado y exhaustivo de la obra y de la apasionante trayectoria vital del polémico ex jesuita. Su compromiso con los pobres y con los acontecimientos más sobresalientes de nuestra historia reciente contribuyó —junto al padre Llanos y otros sacerdotes progresistas— a la transición y superación de las dos Españas.

Díez-Alegría es un cristiano profundamente espiritual y poco convencional, un hombre que escogió «vivir en serio el Evangelio». En pleno siglo XXI, el relato de su peripecia humana —llena de conflictos— es un acicate de libertad y optimismo.

Contenido

A MODO DE INTRODUCCIÓN. OKUPA DEL UNIVERSO

CAPÍTULO I.            Católico, apostólico y asturiano
CAPÍTULO II.           Vocación, exilio y crisis
CAPÍTULO III.          Una ley escrita en el corazón
CAPÍTULO V.            La pasión por la verdad
CAPÍTULO V.            El revulsivo del Pozo
CAPÍTULO VI.          Posconciliar antes del Concilio
CAPÍTULO VII.         Los años de la utopía
CAPÍTULO VIII.       Divorcio a la italiana
CAPÍTULO IX.          Otros «peligrosos desvíos»
CAPÍTULO X.           La gran decisión
CAPÍTULO XI.          El dilema de un cristiano
CAPÍTULO XII.        Tempestad mediática
CAPÍTULO XIII.      Roma locuta
CAPÍTULO XIV.       Sin papeles
CAPÍTULO XV.         Por las libertades democráticas
CAPÍTULO XVI.        La cigüeña sobre el campanario
CAPÍTULO XVII.      Sexo, violencia y globalización
CAPÍTULO XVIII.     Las enseñanzas de la edad
CAPÍTULO XIX.        Casi un testamento

APÉNDICES
I. Selección de textos.
II. Bibliografía
NOTAS
ÍNDICE ONOMÁSTICO

Reseña del acto de Presentación
Palabras del autor

 

SEGUNDA EDICIÓN A LA VENTA

 

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Díez-Alegría: un jesuita sin papeles.
La aventura de una conciencia

2ª Edición

Editorial: Temas de hoy
Colección: Biografías
Páginas: 477
Cubierta: Cartoné
Precio: 23,00 Euros

 

 

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Humor, valor, principios cargados de humanidad y sinceridad componen a este hombre, inmerso en conflictos políticos y religiosos, que contribuyó a la Transición Española y a la reinterpretación de los fundamentos de la iglesia

El místico: Juan de la Cruz

Texto de Contraportada

En la agitada España de Felipe II, el mercader y poeta segoviano don Pedro de Valmores, después de haber sido abandonado por su amante doña Ana de Peñalosa y aguijoneado por los celos, emprende una búsqueda por tierras de Castilla. Va tras las huellas de Juan de la Cruz, un fraile al que considera responsable de todas sus desgracias. El viaje pronto se transforma en un camino iniciático a través de la extraordinaria vida del misterioso carmelita. ¿Qué ocultan sus inspirados y sensuales versos? ¿Dónde termina en ellos lo humano y dónde comienza lo divino? ¿Quién es en realidad ese místico enigmático que ha emprendido la polémica reforma del Carmelo al lado de la andariega Teresa de Jesús?

Por primera vez una novela aborda con amenidad y rigor histórico la fascinante biografía de San Juan de la Cruz, considerado «el poeta más sublime de la lengua castellana». La sociedad española del siglo XVI, la política, la Inquisicíón, los «iluminados», el papel del monarca en la Reforma los ataques de los bandoleros, la convivencia cultural con sabios sufies y judíos, la vida cotidiana y las veleidades de las damas de la corte emergen de este relato, que en realidad tiene un único y verdadero protagonista: el amor.

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Contenido

  1. Adónde te escondiste.
  2. Que bien sé yo la fonte.
  3. El hijo de la buratera.
  4. Al amor del silencio.
  5. Sabiduría es sabor.
  6. Fraile y medio.
  7. Un portalico en Duruelo.
  8. El mejor cantar.
  9. Caprichos de la princesa.
  10. Gran cosa es no hacer ruido.
  11. Ávila, parecida a un alma.
  12. Tempestad de trabajos.
  13. Cárcel y cántico.
  14. Por la secreta escala.
  15. El vestido de amadores.
  16. Y yéndolas mirando.
  17. Demonios con salero.
  18. A ver en tu hermosura.
  19. Es lima el desamparo.
  20. Granada, si tú quisieras.
  21. El acueducto.
  22. ¡Oh llama de amor viva!
  23. Camino del mar.
  24. Bajo el sol andaluz.
  25. Puerta de ultramar.
  26. La soledad del pastorcico.
  27. Como trapo de cocina.
  28. Sin arrimo y con arrimo.
  29. Manosear criaturas mudas.
  30. Quedéme y olvidéme.
  31. Al juntarse amor y mar.

Nota del autor : Historicidad y fuentes.

 

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El místico: Juan de la Cruz

Editorial: La Esfera de los libros
Colección: Novela histórica
Páginas: 524
Cubierta: Cartoné
Precio: 24 €

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El mar de dentro. Antologia poética (1962-2006)

Texto de Contraportada

En esta antología poética Pedro Miguel Lamet selecciona y presenta lo mejor de su obra en verso publicada o inédita entre los años 1965 y 2006. Del autor dice el profesor Antonio Blanch en el prólogo que éste, “más que ágil escritor, como poeta quizás sea un reposado y hondo escanciador de finísimos sentimientos. Un auténtico lírico intimista, que vierte, no sin rubor, algo de lo mucho y hondo que está vibrando en su alma, después de haberlo elaborado, a través de una muy viva sensibilidad, y a partir de unos datos o hechos externos, generalmente sencillos y corrientes. Sus finas antenas captan el singular encanto de lo vulgar, de los lugares comunes, de los espacios o hechos más familiares, en los que detecta el halo de su desgastada capacidad de trascendencia. Vibración mágica, y en este caso también sagrada, que el poeta intuye y recibe agradecido, para ofrecerla luego en confidencia íntima. En un lenguaje, además, sin estridencias, siempre sereno y de gran riqueza musical y cromática, especialmente gozoso cuando la iluminación resplandece en lo alto, pero también pacífico aunque en penumbra, cuando es la ausencia o la nostalgia lo que domina su espíritu… De este modo, el mar, vivido y hecho horizonte absoluto en la conciencia del poeta, se transforma en la imagen primordial de lo limpio y de lo nuevo, la inmensa matriz del agua primordial y de la brisa, purificadoras ambas y regeneradoras, no sólo de vida y alegría, sino también de la palabra original o proto-palabra.”

Ver índice y primer capítulo (formato PDF).

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El mar de dentro
Antología poética
(1962-2006)

Editorial: Sal Terrae
Colección: El pozo de Siquem
Páginas: 215
Precio: 13 Euros

Cómo curar la herida

Decía Oscar Wilde que “el dolor es una herida que sangra siempre cuando la toca cualquiera mano que no sea la del amor; y, si esta la toca, sangra, si bien no es tanto el sufrimiento”.

El director de MAS ALLÁ me pide que toque la más sangrante herida que ha sufrido este país en su historia contemporánea con la mano dulce de la terapia, a ver si podemos integrar tanto dolor. Pero mucho me temo que la herida seguirá sangrando y tardará mucho en cicatrizar.

Sólo se me ocurre tocarla con la mano del amor, la única que nos puede salvar del odio, de la xenofobia, de la revancha y, sobre todo de la amargura.

Tengo clavadas, supongo que como cualquier madrileño, las imágenes del fatídico 11-M, que sólo se diferencian del no menos horroroso 11-S en que aquí lo terroristas, que no  conocen otra dialéctica que la del espanto, cortaron las venas a la España trabajadora y joven que desembocaba en la capital en madrugadores trenes de cercanías.

Madrid lloraba, pero con una sobriedad pasmosa. Madrid se volcó con sus heridos,  pero sin desmelenarse, sin gritar, con la amorosa mano de la rapidez y la eficacia. Madrid veló sus dos centenares de muertos sin diferenciar raza, color, edad o procedencia, con un silencio contenido de plegarias y una vigilia de temblorosas velas encendidas.

Luego vino el día después, tan difícil, sin él, sin ella, sin padre o madre, con el agujero de la ausencia. Vino la hora de tragarse las lágrimas mientras la vida sigue. Y la gran pregunta: ¿Qué nos espera en nuestro país? Seguiremos siendo objetivo terrorista internacional. ¿Servirá este mar de sangre para ahogar definitivamente el absurdo odio terrorista de ETA?

¿O haremos crecer entre nosotros un nuevo y absurdo odio xenófobo y racista?

Creo que la respuesta está en cada uno de nosotros. Para mí está en la pasión del pueblo, en la dignidad con que ha llevado hasta ahora esta cruz inesperada, en el impulso de solidaridad con que las manos más dispares se han estrechado frente a esos trenes tranformados en tumbas.

Los terroristas deben ser castigados con toda la fuerza de la ley, sí. Pero sería un terrible error responder como ha hecho Israel contra Ahmed Yassin, el líder de Hamas, exterminado junto a siete personas más en un asesinato de Estado. Lejos de detener el río de sangre, ese atentado “legal” engendrará más muerte y fanatismo.

Dicen que los pequeños dolores blasfeman y claman al cielo, pero que los grandes ni blasfeman ni gritan: escuchan. Esta es la experiencia que hemos vivido en Madrid tras la matanza y la increíble manifestación y la fuerza de las urnas, que no hay mayor fuerza que la unión y el silencio. ¿Qué hemos escuchado los atónitos españoles y madrileños estos días? Quizás que una mano, la del amor, es la única que puede curar la herida.

(Publicado en la revista Más allá)

Terminator versus democracia

Dos años ya de las Gemelas y el mundo con estos pelos, por no decir patas arriba. Contemplo lo ocurrido estos meses con temor y temblor desde mi agujero de ciudadano global y ¿qué veo? Mientras nadie encuentra a Bin Laden,  ni a Sadam ni las armas de destrucción masiva, el imperio de la seguridad más arbitrario está socavando aquel espíritu de la democracia que dio origen a los Estados Unidos.

Hasta los propios estadounidenses están experimentando, como denuncia el profesor de Georgetown Norman Birnbaum[*], cómo un imperialismo antiterrorista y sus enormes gastos, les conduce al desempleo. El mismo autor dice que los gobernantes pro americanos de Europa se han vuelto cada vez más autoritarios y cita a Aznar, Blair y Berlusconi.

El suicido inducido de David Nelly, ante la presión mediática, ha puesto frente a las cuerdas a una de las democracias más añejas del continente europeo, mientras en Irak ya han muerto más soldados aliados que en toda la guerra. Bush no sabe ya qué hacer con esa patata caliente y pretende colarle un gol ahora a las Naciones Unidas que despreció. Las severas palabras del secretario Koffi Annan  revelan una situación sin precedentes, hasta el punto que Washington esta  a punto de retirar su resolución sobre Irak de la ONU.

La expresión clave de los iraquíes al hacer balance de estos últimos meses es muy significativa: “Lo peor no fue la guerra, sino el caos que le siguió”. Es cierto que Irak comienza a funcionar seis meses después: la gente ya no hace cola en las gasolineras sino en los bancos, pero la vida no vale un céntimo en las calles de Bagdad. Solo en la capital fallecen al día 30 personas por heridas de bala. La última víctima, el encargado de información de la delegación diplomática de España. Un lúcido reportaje de Tele-5 sobre la muerte del cámara Couso llega a la conclusión de que en la muerte de periodistas  a manos americanas en Irak había intención deliberada. ¿Cómo no sabían que  en sí mismo, con y sin Sadam, ese país era un cóctel molotov?

Tampoco el sheriff de la aldea global es capaz de poner paz en Oriente Medio, porque está claramente del lado de uno de los dos pistoleros: Sharom y  su ley del talión contra los suicidas de Hamás,  a los que no puede controlar un Arafat enfermo, amenazado de muerte y acorralado por nuevo muro de la vergüenza. Se diría que el éxito del actor republicano Scharzenegger como nuevo gobernador de  California se convierte en  símbolo de este anhelo de seguridad que domina al mundo: Termiantor.

 


[*] “Imperio y democracia” (El País, 31-08-2003).

 

Hombres bomba

De cómo andamos

Hemos cumplido un año del funesto 11-S, y no hay otra palabra que defina mejor la situación presente que ésta: confusión. Cada día se aleja más de nosotros aquella división tópica y típica de indios y cow-boys, policías y ladrones, buenos y malos.

Es cierto que, desde apenas un año, fuerzas ciegas y fanáticas parecen ir apoderándose de la tranquilidad del mundo y nos siguen aterrorizando con las autoinmulaciones explosivas de Oriente Medio y la más reciente de Moscú. Ha surgido una nueva forma de terrorismo que es tan imprevisible como irracional, porque no solo mata a otros, desprecia la propia vida. Pero junto a estos nuevos kamikazes, dispuestos a convertirse en hombres-bomba, ¿está toda la verdad del otro lado? Las ambigüedades de Bush han rayado en la paranoia al llevar su pretendido oficio de gendarme del mundo a la pretensión de guerra unilateral. Y, aun aceptando que Irak sea un peligro potencial para la humanidad, ¿acaso no lo son los Estados Unidos manteniendo la deuda externa o pisoteando los derechos humanos de los presos de Guantánamo en situaciones que evocan las hitlerianas?

Es una locura conducir a explotar, como Sansón con todos los filisteos, a un hombre-bomba en un mercado de Telaviv. Pero la exterminación palestina a manos de los judíos con el apoyo de Bush tampoco deja de ser otro terrorismo, aunque en nombre del Estado. El grave episodio del teatro de Moscú se ha convertido en otra señal de alarma que se enciende en medio de un mundo que llamamos civilizado.

El magno atentado nos ha encogido el corazón. Pero, en la medida que comenzamos a recabar nuevos datos sobre el asalto y el gas utilizado, no cesan nuestros escalofríos. Si fuéramos consecuentes, cabría preguntarnos si Putin no es por lo menos tan peligroso como Sadam, pues oculta terribles armas químicas cuya composición desconocemos, pero que hemos comprobado que matan igualmente a santos y pecadores. ¿Cómo es posible que los familiares no puedan tener acceso a los cadáveres de las víctimas inocentes y ni siquiera a la lista de los enfermos? ¿Qué sabemos de los métodos utilizados por Putin en la represión chechena? Si Rusia fuera una democracia, el parlamento freiría a preguntas a un presidente que se cree un “zar” fuerte, pero ha dado pruebas de ser capaz de actuar al borde del exterminio. Si no, que hubiera al menos alertado a los hospitales del antídoto necesario.

Muchas preguntas sin respuesta. Quizás la peor de todas sea esa otra bomba, de la que casi nadie habla, la enterrada hace muchos años en los países débiles; la bomba del hambre, de la marginación y la carencia casi absoluta de recursos y, sobre todo, de la falta de educación, que a la larga es el más terrible explosivo. La cadena de atentados que venimos sufriendo a escala global es como la tapadera de una cacerola que oculta debajo un hervidero de injusticias. Por eso, el único futuro es de quienes trabajan en silencio por crear desarrollo y dialogar la paz.

Mi sociedad protectora de ilusiones

Hace unos días recibí uno de los más bellos regalos de toda mi vida. Un compañero colombiano me envió una especie de tarjeta de crédito plastificada. En su frontispicio figura un curioso logotipo, una especie de sol presidido por una gran letra “i”. La tarjeta, extendida a mi nombre, me convierte en miembro vitalicio de la “Sociedad Protectora de Ilusiones”.

Cuando recibí este extraño carnet, me quedé boquiabierto. Allende los mares y sin conocerme, este jesuita y lector de mis libros me premiaba de la forma más sorpresiva y agradable que pudiera hacerlo nadie, con un pedazo de cartón, pero lleno de contenido para mí.

Siempre he defendido la necesidad de fomentar en la gente la capacidad de ensueño. Cuando empecé a escribir mis primeros versos recuerdo que algo se hablaba de poesía, incluso se leía poesía, aunque este género literario siempre fue de minorías. Ahora parece como si a los poetas se los hubiera tragado la tierra. En este supermercado de Occidente no cuenta lo gratuito, aquella hermosa inutilidad que atribuye Kant a toda creación estética. Un cuadro vale el regalo de mirarlo, simplemente, aunque no te lo lleves a casa.

Los hombres de hoy no saben mirar a la castañera de la esquina. Para ellos ¡oh error!- es una mujer que vende castañas. No es la anciana rugosa cuyo rostro es un mapa de humanidad y cuyo calor íntimo perfuma las calles de invierno.

En un mundo sin poetas, o donde los poetas no cuentan, no son posible las ilusiones. En un mundo sin poetas también desaparecen los profetas. ¿Recuerda el lector los años sesenta? Los jóvenes de entonces fijaban en sus paredes posters del Che, Marx o Jesucristo. En la Iglesia florecían las voces de Dom Helder Cámara, Pedro Arrupe, Monseñor Romero, Luther King, Teilhard de Chardin. Hoy los profetas han enmudecido. Las gentes se abrigan al amparo de las altas paredes fortificadas de las instituciones, las marcas, sus propiedades privadas, holdings y sectas.

Por eso me hace feliz ser el miembro 229 de la “Sociedad Protectora de Ilusiones”. Encima de mi firma leo: “Valid Worldwide”: Válida para el ancho mundo. Sin fronteras, lenguas, religiones, partidos políticos, color de piel o nivel económico.

Por eso, aunque siempre he sido un tanto débil para compromisos que se encierran en la norma preestablecida, anuncio aquí solemnemente mi compromiso definitivo para contribuir a hacer recuperar en este mundo la añorada capacidad de ensueño. Quisiera llamar a muchos a esta tarea de preservar las ilusiones, tantas cosas pequeñas que pueden hacer felices a los hombres, tanta estrella empañada, tanto corazón en carne viva.

Entre todos intentaremos recuperar el regalo “inútil” de la sonrisa, el prodigio de una caña entre amigos en el bar, el resplandor de cualquier mirada y la nostalgia de la más leve melodía. Buscaremos voces perdidas en la noche, cartas que nunca llegarán a su destino, amigos que jamás soñaron con el prodigio de la amistad. Les diremos que vuelvan a mirar sin miedo al firmamento y las puestas de sol, prueban a repartir su pan y jugar a pídola con las dificultades de cada día, crean de una vez en lo que hay detrás de las apariencias del vecino. En una palabra, que se convenzan que salieron bien de fábrica, conectándose, para experimentarlo, con lo más profundo de su ser. Y, después de haber cultivado lo inútil y soñado un poco con lo imposible, cuando muera, tachado quizás de iluso o eterno adolescente, seré feliz si escriben en mi tumba: “Protegió las ilusiones. Aquí yace un pobre soñador”

Siempre hace buen tiempo

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