Siempre hace buen tiempo

El cielo junta desiguales


Estatua de Conde, Viana do Castelo. Portugal (©PMLamet)

 Nunca hubiera osado esta mujer del pueblo sentarse así, con total indiferencia  después de ir a la compra, al lado del empingorotado señor conde. Pero hoy, gracias al arte callejero, puede hacerlo, junto a otros hombres del pueblo, a su mismo  nivel. Milagros del bronce y del paso del tiempo, que coloca a todos por igual, sentados juntos en un banco de cualquier  calle.

E

              Mientras vivimos nos separamos por la clase social, el dinero, las posesiones, la alcurnia, la cultura, el vestido, la apariencia física… Hoy, desde el más allá, el señor conde no puede protestar, ni la buena mujer pedir licencia o rendir pleitesía al aristócrata. Da igual que el municipio le haya erigido una estatua. La historia y una mirada más alta nos coloca a todos en nuestra verdad: seres humanos, hermanos bajo la misma mirada de Dios, que solo se queda con lo que escruta en nuestros corazones.

              ¿Por qué  mientras vivo me creo  superior a otros? ¿Por qué me enorgullezco de mi papel en esta comedia en vez de lo que importa, cómo lo represento en el gran teatro del mundo?

              Probablemente el conde –barruntamos- es ahora consciente de que, pese a su “sangre azul”, estaba hecho de la misma pasta que la gente que hoy se sienta a su lado, con la que seguramente nunca pudo en vida compartir casi nada.

              Como decía Calderón, “el Cielo junta desiguales extremos”.

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