Siempre hace buen tiempo

Una biografía rigurosa que fascina como una novela

José María de Llanos, SJ

El eminente historiador Manuel Revuelta ha publicado en la revista ACTUALIDAD BIBLIOGRÁFICA (N. 100, julio-noviembre, Barcelona, 2013, pp.185-188) la siguiente recensión:

Pedro Miguel Lamet, Azul y rojo. José María de Llanos. Biografía del jesuita que militó en las dos Españas y eligió el suburbio. Madrid, La Esfera de los libros, 2013, 730 p.

Pedro Miguel Lamet ha escrito novelas históricas, en las que la vida de los personajes se refuerza con la magia de la fantasía. Pero también ha escrito biografías bien documentadas que han alcanzado gran éxito editorial. Baste recordar las que ha dedicado a San José María Rubio, al Padre Arrupe, al «jesuita sin papeles» Diaz-Alegría o a los confesores de reyes. Esta vida del P. Llanos no es una novela histórica; es una biografía que produce la fascinación de una novela. Se puede decir que aquí la realidad supera la ficción. La vida de Llanos tiene los ingredientes de una buena novela de aventuras. Unas aventuras tan ciertas que, como decía un paisano vasco, «no es historia, es sucedido». La buena pluma de Lamet ha trazado un relato vibrante, que empuja el interés del lector desde el principio al fin.

Y hay algo más. Lamet, que ha tenido la suerte de conocer al personaje y compartir sus confidencias, ha estudiado a fondo una documentación abundante y variada. Del P. Llanos se habían escrito valiosas aproximaciones biográficas (José Luis González Balado, Juan Abarca Escobar). El autor ha utilizado, además, con gran acierto dos importantes fuentes de información: los escritos, diarios, memorias, cartas, poesías, álbumes y fotos de un Llanos que guardaba todos los papeles (se conservan en el Archivo SJ de Alcalá); y los testimonios solicitados a las personas que mejor le conocieron y trataron. A ello se añaden los cuatro mil artículos publicados en periódicos y revistas, y una cuarentena de libros (enumerados en páginas 712-713). Entre los escritos autobiográficos hay que destacar las memorias que Llanos escribió al fin de su vida con el título Confidencias y confesiones (editadas por Gabino Ulíbarri en 2005) y otros muchos recuerdos en unos papeles titulados Estampas y Memorias.

Lamet había sido invitado a escribir esta biografía hace veinte años, pero no se decidió a hacerlo hasta ahora. Al concluir su trabajo nos confiesa que «La tarea ha sido prolija, y el trabajo duro, pero creo honestamente que el trabajo de esta investigación arroja datos apasionantes para profundizar en el verdadero perfil humano, religioso y político de José María de Llanos…». El autor llama a su trabajo «investigación», y considera que ha logrado «una biografía completa, documentada y con la perspectiva que da el paso del tiempo acerca de un personaje tan polémico» (p. 16). Creemos, sinceramente, que lo ha conseguido con creces. El autor ha logrado desvanecer no pocos mitos sobre el jesuita del Pozo. Ha superado la simpatía natural para ofrecernos una pintura muy real, con cualidades y defectos, genialidades y manías, idealismo y pasión, donde se mezclan momentos dramáticos con escenas transidas de humanidad y ternura. Porque así era el cura Llanos: humilde y mandón, querido y temido, extremoso, discutido, inconformista, valiente, protagonista siempre, raro para muchos, santo para unos y loco para otros. No faltó quien lo consideraba un «ayatola». A veces se hacía inaguantable por sus rarezas y depresiones. Pero había una virtud que todos le reconocían: su inmensa fe y amor a Jesús: «Nunca en él se apagó la llama que encendía desde el fondo de todos sus proyectos y múltiples actividades: el seguimiento al Jesús de los Evangelios» (p. 17).

Tras este preámbulo, la obra tiene 20 capítulos y un apéndice. El primero de los capítulos tiene un sentido programático y provocador. Se titula «Rojo y azul». Es una glosa de la sobrecubierta del libro, que parece un escudo cortado en dos campos. El de arriba, sobre fondo de azul, muestra a Llanos flaqueado por dos jóvenes falangistas. El de abajo, en fondo de gules, lo retrata con el pelo canoso y el puño en alto. En el capítulo se contraponen dos escenas: el asesinato de sus dos hermanos, Félix María y Manolo, al que los milicianos metieron el crucifijo por la boca cuando iba a besarlo antes de morir; y la celebración, cuarenta años después, en el estadio de Vallecas, de la  legalización del Partido Comunista en 1977, cuando el jesuita levantó el puño con sus camaradas. «El escándalo estaba servido». Al igual que muchos españoles de entonces el lector de hoy se pregunta: ¿cómo es posible este cambio? La solución se va dando paso a paso en los siguientes capítulos. Al final se acaba entendiendo por qué aquel hombre militó en las dos Españas buscando un abrazo de paz.

La información que nos ofrece el libro es muy rica. Es medio siglo de España, de la que se van trazando los sucesivos contextos históricos. Personajes y sucesos salen a escena en su momento. Las citas textuales son abundantes y bien documentadas en notas a pie de página con otras informaciones pertinentes que prestan garantía científica a la obra. El autor no tiene prisa en el desarrollo de los temas, y prefiere a veces pecar de prolijo antes que ceder a lo superficial. El protagonista está acompañado por una galería de personajes de todas las gamas sociales: líderes políticos de todos los bandos (desde el Caudillo a la Pasionaria); intelectuales y literatos de renombre (desde Menéndez Pidal hasta Alberti); y jesuitas que compartieron ilusiones y fatigas (con Díaz-Alegría como alter ego, Agustín Drake como fiel coadjutor y los «cinco magníficos» que al cabo dejaron solo a Juanjo Rodríguez Ponce). Como integrantes de esta colmena están los grupos humanos en los que Llanos más influyó: por una parte los chicos burgueses de los campamentos y de la Congregación de los luises, y por otra los obreros y emigrantes del Pozo, incluidos los gitanos de la Celsa o los drogatas que le robaron el Niño Jesús. En esta galería de personajes reflotan personas del pueblo, como el alcalde señor Horacio, la cocinera señora Isabel, la madre Teresa, el niño Benito, el recadista que le quería como a un padre, o el vendedor de cupones Lele, a quien Llanos quiso que dedicaran una calle al lado de la suya. Esta galería de personajes (cuya relación aparece en el índice onomástico) ayuda a entender el extraordinario don de gentes de José María y confirma el atractivo y respeto que causaba quien a todos trataba con dignidad y cercanía.

El libro es también una biobibliografía de Llanos, que fue escritor toda la vida. La máquina Olivetti era su herramienta de trabajo, de la que salían páginas que entusiasmaban o escandalizaban. Hay una perfecta correlación entre la vida y la obra del escritor. Lamet ha logrado compaginar estas dos facetas inseparables, pues la personalidad de Llanos se refleja en sus poesías, artículos y libros; que a su vez nos desvelan los ideales, inquietudes y problemas que él vivía con tanta intensidad. Llanos asumió las etapas de su vida de la misma manera que asumió todos los mensajes de sus obras, sin desechar ninguna. Además de los análisis particulares de las obras de Llanos en el momento de su publicación, el autor dedica el capítulo final del libro («La palabra se hizo carne») a la semblanza global de su obra literaria, expresada en la poesía que siempre le acompañó y de la que ha dejado muchos inéditos, y en su abundante publicística, ágil y penetrante. Al final se ofrece un apéndice con una antología de textos en tres partes: credo, prosa y plegarias.

Las fotografías son otro valor añadido en este precioso libro. Fotos con encanto infantil y familiar, testimonios gráficos de los sucesos narrados, retratos de personas y grupos que parecen recobrar nueva vida, procesiones, chabolas, comidas, celebraciones. No falta el carnet de Comisiones ni el del PC, ni el muñeco Charlie, ni el crucifijo de los votos. Todo está allí: lo cotidiano y lo excepcional, lo jocoso y lo serio. Es la vida.

Como se anuncia en el título, hay un antes y un después en la vida de Llanos: azul y rojo. La fecha divisoria es el 29 de septiembre de 1955, cuando el jesuita, que entonces tenía 49 años, empezó a vivir en la chabola del Pozo. La época azul comprende los capítulos 2 al 8. Es la infancia y juventud de un niño de la calle Serrano, de familia burguesa y católica. De un padre militar y una madre fallecida en la flor de la edad, que dejó cinco niños huérfanos y un halo de tristeza en José María. Familia de militares y funcionarios, a la que pertenecieron hombres ilustres como el historiador y académico Llanos Torriglia, y el escritor y político gallego Nicomedes Pastor Díaz. Familia que el mismo Llanos se complacía en desmitificar al encontrar antepasados moriscos y judíos de los que siempre alardeó y en los que basaba su espíritu universalista. La vocación tardía, con la carrera de química y dejando a su novia, fue una decisión firme que mantuvo con lealtad a lo largo de su vida. Como sus compañeros jesuitas Llanos sufrió el destierro de la República y tuvo que estudiar teología en Portugal durante la guerra. Padeció una «retaguardia de sangre», mientras lloraba la muerte de sus hermanos. Su drama se narra en un espléndido capítulo, vibrante, emotivo, bien documentado en el Diario que entonces redactó y en las poesías en que desahogaba su pena infinita: «hermana muerte/ ¿por qué temerte?/ La sorpresa que nos traes es Dios». Dijo la primera misa en Granada, con su padre de monaguillo.

Siguen después los quince primeros años de apostolado, durante la década de los cuarenta y primera mitad de los cincuenta. A ellos se dedican tres capítulos con resonancias falangistas: «Primavera nacionalcatólica. Por el imperio hacia Dios. Forjador de Juventudes». Su primer destino fue la Congregación de los Luises de Madrid, «vivero nacionalcatólico». La vida apostólica estaba volcada en una juventud entusiasta que se alimentaba de sus pláticas, ejercicios y primeros escritos. Era un apostolado de conquista, que no se paraba en campamentos, peregrinaciones y marchas, pues el joven jesuita tenía vocación de fundador, que se concretó en la promoción vocacional de los «agapitos», en una especie de orden religiosa militar, en el grupo místico  Orden del Esparto, en el SUT (Servicio Universitario del Trabajo), en los colegios mayores  Cor Iesu y Santa María del Campo. Acaso su principal quehacer fueron las numerosas tandas de Ejercicios, una de ellas a Franco, y el SUT universitario que servirá de puente para su apostolado social. La clientela de hombres políticos e intelectuales de los años azules le prestará buenos servicios en los años siguientes.

La época roja de Llanos fue fruto de su autocrítica. No renegaba del camino recorrido, pero se sentía fracasado y proponía al Provincial la residencia en el suburbio. La nueva época se narra en diez capítulos, del 9 al 18. «La aventura del Pozo» comienza con la descripción del suburbio, un lodazal aislado, donde por la noche se construían las barracas. Llanos se instaló con un maestro y dos abogados no jesuitas en una casucha con literas, con una capilla separada del saloncito por una cortina de saco. Pero no se contentó con el testimonio de su presencia, sino que desplegó el activismo acostumbrado buscando la mejora material y social del barrio. Su trabajo consistía en escribir y en ejercitar los oficios de cura de pueblo que atendía a la piedad popular. Entre tanto acudía a sus amistades para  promover la traída del agua y de la luz eléctrica, las comunicaciones, la nueva capilla, la guardería, las escuelas, el común o residencia para chicos trabajadores y más tarde la escuela profesional Primero de mayo, a la que dotó de un ideario, pues debía ser «fábrica de hombres» libres, trabajadores, cristianos, españoles y mundialistas. El Pozo avanzaba a ojos vistas. Para Llanos fue la plataforma de las grandes utopías. El Vaticano II y el P. Arrupe ayudaban a ello.

Los últimos años del franquismo se describen en el capítulo titulado «el sindicato clandestino», donde se cuentan las tensiones políticas y las crisis religiosas del momento. El P. Llanos era entonces miembro de una comunidad de jesuitas muy comprometidos con las tendencias izquierdistas del barrio, hasta el punto de que, en 1970, no quisieron en principio recibir al P. Arrupe. Fueron tiempos de prueba para nuestro hombre: cuatro de los «cinco magníficos» le abandonan y el común se disgregaba. El Pozo había cambiado. Las viviendas nuevas habían sustituido a las chabolas. La muerte de Franco precipitó la transición hacia la democracia. Fue entonces cuando el jesuita exteriorizó su filiación al Partido Comunista y a Comisiones Obreras. El relato sobre las relaciones amistosas de Llanos con Santiago Carrillo y Dolores Ibarruri está muy bien contado. Las buenas relaciones con La Pasionaria resultan emocionantes. Los dos ancianos rezaban el Padre Nuestro en latín y entonaban el «Cantemos al amor de los amores». El autor añade unos datos fiables que hacen verosímil el hecho de que, al final de su vida, Dolores confesó y comulgó. El desgaste y crisis del PC le dejó algo descolocado. Como sustitutivo encontró «Amigos “de novela”», en la musa de la transición, Carmen Díaz de Rivera y en Francisco Umbral, que le dedicó artículos chispeantes y cariñosos. Los años ochenta fueron tiempo de homenajes y entrevistas a un hombre anciano al que todos veneraban. En octubre de 1981 le dedican la calle con su amigo Lele. En julio de 1990 celebra los 50 años de Compañía. En mayo de 1991, al cumplir los 85 años, le conceden la medalla de oro de Madrid. El capítulo 19 relata sus últimos meses, primero en la enfermería de Chamartín, después en la de Alcalá, donde fue muy bien recibido. Falleció el 10 de febrero de 1992. Todos los medios de difusión exaltaron su gran personalidad. En su entierro se rezó un misterio del Rosario y se cantó la Internacional. Pocos días después el Centro Cívico del Pozo le rindió un último homenaje. Allí se decidió dedicarle un monumento que se inauguró en 1994.

Pedro Miguel Lamet ha escrito la biografía que se merecía el P. José María de Llanos. Nos ha dado claves certeras para conocer su vida. Pero sobre todo nos ha abierto pistas para seguir profundizando en sus mensajes. La vida y obra en azul y en rojo de este jesuita singular ofrece materia para tesis doctorales de teología, espiritualidad, sociología, pedagogía, literatura e historia. Se ha dicho que Llanos llegó a convertirse en todo un mito. Este libro lo ha apeado del mito, pero lo ha hecho más grande al retratarlo al natural.

 

M. Revuelta González

 

 

 

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