Paseo

 

HAY una luz en el claustro. Es un
aliento del sol en las rendijas del
ánimo.
La sombra se alarga hundida en
los arcos ojivales, dejando el
alma colgante
de la tarde lacerada, roja y malva
en los cristales. Vago con Dios a
mi espalda.

(De El alegre cansancio, 1960)

15 diás contigo

Neorrrealismo andaluz

Pequeña película grande  centrada en la otra cara de la sociedad del bienestar y que refleja casi sin concesiones y con  proximidad  la marginación de los sin techo desde la inmersión intimista  en  una realidad de  contrastes.

Quizás con el tiempo se pueda llegar a decir que ha surgido una especie de neorrealismo andaluz, un cine del pueblo y a ras de calle que toma el pulso al submundo de la ciudad del bienestar y lo hace en un tiempo en que el espectador medio prefiere mirar a otro lado, el que le muestra el cine de evasión, sea  a través de la superproducción espectacular o el cine de impacto morboso.

Jesús Ponce, nacido en el corto y la televisión y en la escuela de Zambrano –trabajó con él en “Solas”- se ha tirado con la cámara a la calle en busca del mundo marginal de los gorrillas aparcacoches, los yonquis, los drogatas, expresidiarios y sin techo. Pero lo ha hecho desde dentro, sumergiéndose en la vida íntima de dos de estos protagonistas de la marginación.

Isabel, recién salida de la cárcel, quiere rehacer su vida. Es una mujer de corazón limpio y llena de dignidad, que, víctima de una infancia desgraciada, se ha visto abocada a robar en supermercados y pretende trabajar. Su pequeña odisea, desde conseguir un cubo para limpiar como “autónoma” escaparates de tiendas, se cruza con la de un viejo amigo, Rufo, en fase muy avanzada de la drogadicción. Entre ellos se establece una relación afectiva de mutuo apoyo y limitada compañía en la intemperie más literal: no solo carecen de techo y viven en la escasez, sino que incluso de relación sexual, dada la situación física de Rufo. Aunque  pronto se masca la tragedia del deteriorado drogata, se establece entre ellos una complicidad y un amor gratuito que se desliza en los pequeños detalles de cada día, atravesados por la urgencia de conseguir algunos euros, él para pincharse y ella para comer o pagarse una habitación y dormir y ducharse una noche a la semana.

Ponce consigue en su opera prima un cine de proximidad, que va creciendo desde una imagen distanciada, que al principio retrae al espectador, como siempre repugna la miseria, y acaba envolviendo en la intimidad de seres que vemos todos los días y no conocemos. Esta inmersión es el principal mérito del film.

Detrás, por sugerencias mínimas –anuncios, objetos en los escaparates, los dueños de las tiendas cuyos cristales limpia Isabel y los propietarios de los  coches que aparca Rufo- se adivina el otro mundo, el de la sociedad del bienestar, el de los viajes, las cremas de belleza, la chulería sin entrañas del “señorito”. También la frialdad y la violencia soterrada de la ciudad establecida. Pero sin maniqueísmos, pues no faltan personajes puente entre ambos mundos, como la dueña del “todo a cien” y el chico del bar.

Y todo desde un cine encarnado. Se desarrolla en Sevilla como podría desarrollarse en cualquier parte. Pero esta opción es importante porque hace aterrizar,  se nota en el habla andaluza  y hasta en la manera de ser de los personajes secundarios. Isabel Ampudia tuvo que pasarse varias semanas aprendiendo el acento en la calle para alcanzar una soberbia interpretación de un típico  “ángel desde el cieno”, que recuerda a personajes de Fellini, Rossellini o Marco Ferrari. Sebastián Haro, secundario de “Mar adentro”, presta dignidad al personaje del pobre diablo charlatán, desvalido y solitario con gracia, credibilidad y soltura.

Pequeña película grande pues, centrada básicamente en dos personajes que reflejan casi sin concesiones la apremiante realidad. Y digo casi, porque el film paga un tributo a la conciencia un tanto atormentada del espectador –que encuentra también respiro en rasgos de humor muy  andaluces a lo largo del metraje- con un final feliz y un pic-nic  o  leve escapada al buen vivir para liberar a los personajes antes del desenlace. Pero hay que reconocer que aun  esto  no está del todo injustificado, si se tiene en cuenta que el lado angélico de Isabel está pidiendo en el guión todo el tiempo y a voces alguna redención.

Hoy se habla poco de cine social y menos de realismo  cotidiano. Las grandes denuncias son efectistas o grandilocuentes, como el cine antibélico de Spilberg o algunos aguafuertes a lo Ken Loach. Este film nos devuelve al cine de lo diminuto y trivial, a una mirada que parecía perdida con “Ladrón de bicicletas” o “Los cuatrocientos golpes” y si se quiere en el primer Berlanga al menos en el planteamiento y la intención, ya que ha cambiado mucho el lenguaje y la expresión, claramente influenciada en Ponce por su experiencia televisiva. Un rasgo muy peculiar es la mirada de cintura para abajo del mundo, como estos personajes no alcanzaran a poder ver más.

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P: Bailando en la Luna, Baliet Zinea, y Jaleo Films, España 2005. D. y G.: Jesús Ponce. P.E. : Fernando de Garcillán, Álvaro Alonso y Juanjo Landa. I.: Isabel Ampudia (Isabel), Sebastián Haro (Rufo), Mercedes Hoyos (Manuela), José María Peña (Camarero), Pepa Díaz Meco (Monja), Manolo Solo (Indigente), Joan Dalmau (Recepcionista hostal), Manolo Caro (Carrión). M.: Víctor Reyes. F.: Daniel Sosa. M.: Fernando Franco. V.: Concha Rodríguez y Sole Molina. D.:Solida Estreno en España: 22 Abril 2005.

 

La dama de honor

Suspense psicológico

De nuevo Chabrol nos sumerge en el thriller de lo cotidiano y de la pequeña burguesía establecida, que se ve de pronto revuelta e interpelada por el crimen. Esta vez también por la fuerza alienante de la  sensualidad. Entre el drama psicológico y la ironía cínica descubrimos seres apasionantes y misteriosos, escondidos detrás de la vulgaridad de una boda provinciana.

Chabrol es una leyenda, uno de esos nombres que con Rohmer, Godard, Truffaut crearon aquella manera de ver cercana y rompedora que fue la Nouvelle Vague. Con más de cincuenta películas y setenta y cinco años este maestro permanece incombustible y joven, realizando films a la vez asequibles y desentrañadotes, siempre entre el thriller y el drama psicológico,  entre la crítica social y la ironía demoledora.

Algunos le han acusando de haberse entregado al vil metal, involucrando a su familia –salen cuatro Chabrol en los títulos de crédito- y quedándose en la mera repetición de una fórmula que funciona: el drama policíaco en el ambiente pequeño burgués. Pero la verdad es que, cuando uno es un maestro, puede hacer lo que le dé la gana. En el arte importa el “cómo” más que el “qué”, y Claude Chabrol domina la realización, la dirección de actores y la magia del cine.

De nuevo nos introducimos en una familia de provincias, esta vez en casa de una mujer separada que vive con sus tres hijos, dos chicas, una a punto de casarse, otra con problemas típicos de la juventud actual y un muchacho, hijo modelo, sencillo y agradable que ha comenzando a trabajar como vendedor inmobiliario. Este, llamado Philippe (Benoît Magimels), es atrapado por la mirada misteriosa y las formas sensuales de la dama de honor de su hermana, durante la celebración de la típica boda de provincias, cargada de tópicos. La enigmática joven, llamada Senta (Laura Smet) tiene un extraño parecido con un busto que la familia tenía en el jardín y que su madre (Aurore Climent) había regalado a su vulgar pretendiente que no acaba de decidirse. La dama de honor, además de una fogosa amante, oculta un extraño pasado y al parecer una doble identidad no integrada.

El film, basado en una eficaz novela de Ruth Rendell, desarrolla la irrupción de lo nuevo en la vida de un “buen muchacho”, que se siente a la vez erotizado, intrigado y sorprendido por una mujer de conciencia insondable y de decisiones imprevisibles.

Chabrol cuenta con maestría y con ese amor a la cotidianeidad que caracteriza al mejor cine francés. ¡Qué bien se abren las puertas y se transitan los pasillos en estos films en los que aparentemente parece no pasar nada!

De nuevo en Chabrol los criminales son gente como tú y como yo, gente que, como ha dicho Chabrol “necesita rebelarse”. El suspense en este lúcido director francés no proviene de no saber quién es el asesino o qué le va a pasar a la víctima, sino del descubrimiento de los personajes, sus historias,  de cómo son en realidad o qué les hace comportarse de esta manera. Y eso que en esta ocasión ha acudido a jóvenes actores, pero ya con un éxito consolidado: Benotit Mimel, que “Los ladrones”, de Téchiném en “La pianista” de Hanek y en “La flor del mal”, del propio Chabrol; y Laura Smet, conocida en Francia por un par de peliculas.

El resultado no es una obra maestra ni un film definitivo, pero sí una obra que, como casi todo lo de Chabrol, te deja satisfecho, con un regusto a cine bien hecho y lleno de preguntas: ¿Qué es antes la acción o el pensamiento, la estatua o la amada? ¿Dónde comienza la culpabilidad y dónde termina la infancia infeliz? ¿Pide el amor la prueba de la muerte? ¿Son locos en realidad los que parecen cuerdos? ¿No es vulgaridad y desidia lo que a veces llamamos bondad y orden preestablecido?

Lo que sobre todo crea este film en el espectador es inquietud. Como las puertas que se abren y cierran rápidamente en la comisaría. O como el sótano donde vive Senta, el mendigo que le repugna y su madrastra y la profesora de tango. La tragedia existe desde el principio, nosotros vamos abriendo las cajas,  y fuera casi no ha pasado nada. Estamos atrapados, parece decirnos Chabrol y cuando surge lo imprevisible en una sociedad de orden, se produce la destrucción. El arte aquí es desentrañar el alma misma de la vulgaridad. Y en ella hay una tremenda ironía: el crimen parece un chiste, una broma en medio de una boda provinciana. ¿O es Chabrol el que se ríe de nosotros?

T.O.: La demoiselle d’honneur, Francia y Alemania, 2004. P.: Antonio Passalia, Patrick Godeau y Alfred Hürmer.G: Pierre Leccia y Claude Chabrol; basado en la novela de Ruth Rendell.D: Claude Chabrlol F:Eduardo Serra.M: Matthieu Chabrol.Mon: Monique fardoulis. I: Benoît Magimel (Philippe), Laura Smet (Senta), Aurore Clément (Christine), Bernard Le Coq (Gérard), Solène Bouton (Sophie), Anna Mihalcea (Patricia), Michel Duchaussoy (Vagabundo), Suzanne Flo(Sra. Crespin), Eric Seigne (Jacky), Pierre-François Dumeniaud (Nadeau). Dis: Nirvana.Estreno:.Francia: 17 Noviembre 2004.Madrid 8 Abril 2005. 1,50 min.

 

El aventurero de Dios

Texto de Contraportada

Un judío converso que huye de la Inquisición se encuentra en Lisboa con un intrépido joven llamado Francisco de Javier. Gracias a este personaje conoceremos los viajes y travesías casi sobrehumanas del santo que será llamado “el gigante de la historia de las misiones”.
El protagonista de esta narración nació en 15o6 en el castillo de Javier, en Navarra, entonces independiente de Castilla. Sus hermanos lucharon en la toma de Pamplona, defendida por Ignacio de Loyola, quien más tarde convencerá a Francisco para que se sume a la naciente Compañía de Jesús.
Ese encuentro transforma su vida. Se embarca en una de las naos que entonces hacían la Ruta de las Especias y emprende su gran sueño: propagar la fe cristiana por las ignotas tierras de la India, Indonesia y Japón. Se transforma así en un verdadero aventurero de Dios que termina muriendo en soledad a las puertas de China, con cuarenta y seis años de edad.
Los viajes y hazañas de Francisco de Javier parecen inconcebibles hoy: uno de cada tres días de su vida lo pasó navegando. Solía decir: “Si no encuentro una barca, iré nadando”. En medio de tempestades, piratas, capitanes corruptos, climas infectos y otras mil dificultades y privaciones, se mantuvo firme en su ideal. Sus cartas se convirtieron en crónicas de primera mano que se leían con avidez por toda Europa.
Esta novela recoge, quinientos años después de su nacimiento, la aventura espiritual y humana de un hombre extraordinario. Un relato en el que no faltan valientes pescadores de perlas del sur de la India, eruditos monjes zen del misterioso Japón, las miserias y ambiciones de comerciantes, soldados y gobernadores… Sus páginas recrean el complejo mundo del siglo XVI: la vida cotidiana, la política, el comercio, la navegación y el encuentro intercultural y religioso de Europa con aquellas tierras desconocidas.

Contenido

 

I.            La hoguera de Lisboa
II.           La corte de «El Rey Piadoso»
III.          El muelle de las lágrimas
IV.          Alta mar
V. El cementerio de los portugueses
VI.          El castillo de Javier
VII.         En guerra con Castilla
VIII.        De Socotora y París
IX.          Lisboa de Ultramar
X.           La más dura pasta
XI.          El hombre de la campanilla
XII.         Por tierras de Lutero
XIII.        Los pescadores de perlas
XIV.        Compañeros de Jesús
XV.         El tesoro de la pagoda
XVI.        Poderes de este mundo
XVII.       La matanza de Manár
XVIII.      Tumba de Santo Tomás
XIX.        La puerta de las especias
XX.         El cangrejo y la cruz
XXI.        Islas de esperar en Dios
XX1I.      Nuevos horizontes
XXIII.      Dos virreyes
XXIV.      El país de Anjiró
XXV.       El «rey» del Japón
XXVI.      Entre Deus y Dainicbi
XXVII.     El gran sueño de China
XXVIII.    La peste de Malaca
XXIX.      Ocaso en Sancián
XXX.       El cielo de Lisboa
Apéndice.
Fuentes e historicidad de este libro

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Presentado “El aventurero de Dios
Comentarios y recensiones
Espectáculo en vivo sobre Javier

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Carta a una mujer desconocida

El amor es silencio

Una fina joya oriental, nueva versión de la novela de Stefan Zwig, llevada al cine por la actriz, realizadora y guionista,  Xu Jinglei, que demuestra una fina sensibilidad para reivindicar la fuerza del amor contemplativo y sin contrapartida, desde la soledad y el silencio.

“Sólo quiero hablar contigo, decírtelo todo por primera vez. Tendrías que conocer toda mi vida, que siempre fue la tuya aunque nunca lo supiste. Pero sólo tú conocerás mi secreto, cuando esté muerta y ya no tengas que darme una respuesta; cuando esto que ahora me sacude con escalofríos sea de verdad el final. En el caso de que siguiera viviendo, rompería esta carta y continuaría en silencio, igual que siempre. Si sostienes esta carta en tus manos, sabrás que una muerta te está explicando aquí su vida, una vida que fue siempre la tuya desde la primera hasta la última hora.”

Así comienza la novela del austriaco Stefan Zweig, que Max Opphüls llevó al cine en 1948 en Carta de una desconocida, un clásico del que hay que olvidarse antes de ir a ver esta nueva versión realizada desde la sensibilidad y la óptica oriental. Ahora estamos en Pekín y en 1948 tras la contienda. Un escritor chino se dirige a su casa, donde le espera la correspondencia.  Entre sus cartas encuentra una de una mujer que revela su gran amor vivido en secreto nacido en silencio en su adolescencia y vivido con un hijo de ambos de forma intermitente sin que él, sumido en su egoísmo, la volviera recordar.

Se trata de una historia de amor en la distancia y el silencio.  Su artífice es la  joven y bella cineasta Xu Jinglei, directora, protagonista y guionista del film, convertida hoy en su país un auténtico fenómeno  multimedia: ha triunfado como cantante pop, actriz televisiva y realizadora cinematográfica. Para filmar su segundo largometraje -tras realizar Wo he ba ba (My father an I)-, Jinglei ha optado por un modo contemplativo de mirar, por un cine hacia dentro desde una estética altamente refinada.

Con un argumento esencialista, pocos actores y en realidad una historia muy simple, logra introducirnos en el mundo interior de una mujer enamorada, que en una palabra vive sola su gran amor. La tímida adolescente que se queda prendada del escritor y su atmósfera –los libros de su biblioteca, su vieja máquina de escribir, los objetos y olores de su casa—no fuerza nada, deja que los acontecimientos les unan fugazmente y acepta no sin dolor la distancia de aquel hombre al que adora en secreto,

La eficacia del film está en los pequeños detalles: una rosa, un beso fugaz, un reencuentro casual. Y, sobre todo en la presencia, cargada de contemplativo silencio, de la propia Jinglei que borda llenando la pantalla su fascinante personaje. Hay momentos de gran carga emotiva soterrada, como el que el anciano criado, a diferencia del amo, la recuerda o cuando el escritor la rescata de pronto del tumulto de una manifestación estudiantil.

Se trata de un film sin pretensiones que se convierte, gracias a la delicadeza y el cuidado de las atmósferas, en una joya oriental, no exenta del comercialidad para Occidente, que sin duda procede del origen novelístico del film. Una vez más se demuestre en el cine como en todo arte, que lo importante no es tanto el “qué” como el “como”.

Para un mundo de posesión y dominio como el que vivimos esta historia contracorriente no deja de ser un homenaje a la mujer. Primero, en cuanto denuncia de su historia de objeto, más acusada aún en el mundo oriental. Segundo, como canto a esa capacidad de sentir y vivir lo sentido desde dentro, incluso en soledad. El amor grande y único tiene algo de fe en la propia vivencia, por encima incluso de su realización real, tiene algo de autónomo y autosuficiente. El amor no depende de que haya contrapartida. Por eso el encuentro con el criado en el patio del amado, después de una de esas citas fugaces que también olvidará, es la clave para entender el film. A ambos une la fidelidad silenciosa a través de los años. Y al final queda una sola razón de ser de tanto amor: el sueño adolescente, que llena de alma y  poesía la vivencia interior. Se diría que el amor se resuelve en “mirar”.



T.O.: Yi ge mo sheng nu ren de lai xin, China Asian Union  Film & Media, 2004. P Xu Jinglei, Dong Ping..:G: Xu Jinglei; basado en la novela  de Stefan Zweig. D: Xu Jinglei F: Zhang Yifan M: Zhang Yifan, Osamu, Lin Hai. Mon: Zhang Yifan. I: Xu Jinglei, Jiang Wen, Lin Yuan, Sun Feihu, Su Xiaoming Dis: Baronfilms. Estreno:. Madrid 11-02-2005. 90 min.   Concha de de San Sebastián 2004 a su directora, la china Xu Jinglei.

 

La aurora

Detrás del gran gigante dormido de la gran ciudad está amaneciendo. En sus casas, pisos y rascacielos la vida está a punto de arrancar. Pronto las calles estarán llenas de inquietos ciudadanos camino del trabajo y las fábricas, oficinas, tiendas y supermercandos bullirán con el ir y venir de las gentes. Pero ¿ habrán despertado realmente con el amanecer? ¿O seguirán dormidos como autómatas atornillando tuercas, realizando las tareas domésticas, dirigiendo empresas, comprando y vendiendo, llorando y riendo? Porque despertar es más que levantarse de la cama y quitarse las legañas. Despertar es percibir ese incendio de amor que es la vida, tomar conciencia de que somos notas de la gran sinfonía, pinceladas del inmenso cuadro de Dios. Despertar es encontrar el sentido de cada pequeña cosa y amanecer por dentro

A una vieja foto de anticuario

 

Pálido espectro de un pasado ajeno
muerto al amor, pisando lo infinito,
que desanda quién sabe qué andadura,
ese tiempo sutil que el tiempo desvanece.
Tu mundo no es aquel, que dulce llora
secretos rosas de paz en la mejilla.
Ni se sabe qué sueño duerme ese escondite
en el temblor azul de ese minuto.
Se ha quedado tu foto descolgada
del ritmo irrefrenable de la vida,
posada con desdén y polvo antiguo
en caoba sin luz, sombra de sombra.
¿Quién te amó? ¿Quién fue espiando
el trajín cotidiano de tu cuerpo
y apuró con tus labios los sabores
de aquella muerte entonces no anunciada?
¿En qué limpios espejos te miraste
como al pasar, creyendo que aferrabas
el fulgor de satén de esa belleza?
¿Sólo el encaje níveo del escote
cristalizó en tu hombro levemente
al tacto imponderable de su hechizo?
¿O es que vivir es solo aquel posarse
apresado en el sepia fotográfico?
Mujer de aquel ayer en este ahora,
sin nombre ya, ni amigo, ni futuro,
pretexto sólo de un marco victoriano,
¿quién llevará tu rostro a su morada
sin ver ni adivinarte ese secreto
que sigues ocultando cuando miras?
Sólo el pobre poeta en su destiempo
de loco amor por nubes y por rosas
se llevará tu inútil azogue misterioso
y guardará el embrujo que vibra todavía
en el viejo papel que aprisionó tu calma,
viva sin tiempo, como una flor perenne.

(De Las palabras pequeñas,1992)