Siempre hace buen tiempo

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El día que mataron a Ellacuría

El 16 de noviembre de 1989 día que mataron a Ellacuría -este sábado hará 30 años- yo estaba en un restaurante, almorzando con los informadores religiosos de los medios  de Madrid. Presidía el “patriarca” de entonces, Martín Descalzo, que pocos días antes había escrito en ABC un artículo contra Ellacuría. Me llamaron al teléfono del restaurante -entonces no había móvil- para darme la noticia del asesinato de los jesuitas y las cocineras de la UCA. Lo comuniqué a mis colegas y se quedaron de piedra.

Tres días antes había venido a mi casa a verme Ignacio Ellacuría. Manteníamos relaciones estrechas, porque él seguía con interés el semanario “Vida Nueva” de entonces, que a la sazón yo dirigía,  y muchas veces le había llevado en mi coche por las calles de Madrid. En ocasiones para visitar a Carmen Conde, esposa de Zubiri, del que Ignacio era especialista. Meses antes él, Sobrino y Jon Cortina me invitaron a comer para pedirme que escribiera una biografía de Rutilio Grande, otro mártir jesuita salvadoreño, muy amigo de monseñor Romero, que ahora está en avanzado proceso de canonización y que ya cuenta con una bunea biografía. Pero aquel día Ignacio me pidió que montara la Facultad de Comunicación de la UCA. Le dije que estaba muy cogido entonces por el periodismo y los libros y le presenté a Norberto Alcover, que finalamente se encargó de lo de la facultad.

Podéis imaginar cómo me quedé cuando escuché la noticia. Me impresionó el impacto unánime con que respondieron los medios de comunicación españoles e internacionales. Sólo Martín Descalzo no se atrevió a escribir sobre el tema, por haberlo descalificado semanas antes. Que medios laicos como “El País” dieran al caso tanta cobertura probaba que hay causas como la justicia, que en  este caso brotaba de un compromiso cristiano, que son indiscutibles. Era la herencia de una línea marcada por Pedro Arrupe y el  el famoso Decreto IV asumido por la Congregación General de la Compañía. Hoy han muerto más de un centenar de jesuitas en todo el mundo por defender los derechos de los pobres. Pero ni El Salvador ni en la Iglesia se ha hecho justicia. Los culpables siguen libres. El proceso de beatificación y canonización de estos hombres, sacerdotes y relgiosos, que dieron su vida desde la fe por el Cristo de carne y hueso crucificado en El Salvador. (Como lo hizo Romero, felizmente canonizado) está en espera pues la Postulación de la Compañía anda muy ocupada con Rutilio Grande y el padre Arrupe.

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Un canto a la vida

      FLOR, AGUA, BRISA

Para la flor el tiempo se escabulle,

fallece su color en un instante

como el regalo gratis y acuciante

que dispensa la vida cuando fluye.





Para el río el agua se diluye

en su pulir la piedra itinerante

y va a morir al mar como un amante

que en su abrazo la anula y la destruye.





Para mi ser la vida es una brisa

que en el nacer me sopla amablemente

me derrumba, me salva, me enloquece

y convertida en viento de repente

me anega en una lágrima, una risa

hasta besar el Mar eternamente.

Pedro Miguel Lamet

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¡Deporte para todos!

Anuncio y mujer en Portimao

Pasa la vida ante nosotros y nos limitamos a ver, que no es lo mismo que mirar. O quizás leamos, curiosos, el anuncio con atención en este mundo dominado por el imperio de la publicidad. Estamos en la ciudad de Portimao, al sur de Portugal. El cartel anima a los viandantes: “¡Más deporte para todos!”. ¿Para todos?

                La cámara ha capturado a esta mujer del pueblo, por la vestimenta anclada en el pasado, que acaba de pasar junto al anuncio. Va corriendo para hacer quizás su exigua compra de chicha y nabo para poblar un exiguo puchero para los suyos.

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Entrevista en el «Diario de Cádiz

Publicado en el Diario de Cádiz (20-X-2019)

CÁDIZ

DE CERCA CON PEDRO MIGUEL LAMET

«Recuerdo la explosión y el cielo ensangrentado»

  • Jesuita, poeta y escritor,  fue testigo de la explosión del 47, donde salvó la vida “de milagro”. Se marchó de niño de Cádiz, pero afirma que Cádiz siempre le ha marcado en su profesión y en su fe.
Pedro Miguel Lamet, en un momento de la entrevista
Pedro Miguel Lamet, en un momento de la entrevista / FITO CARRETO

PEDRO INGELMO20 Octubre, 2019 – 06:00h

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Pedro Miguel Lamet (Cádiz, 1940) es uno de los grandes intelectuales de nuestra época. Jesuita desde 1959, se formó como periodista, filósofo y teólogo, aunque donde él se encuentra realmente cómodo es con la poesía. Gaditano de nacimiento, se fue muy pronto, pero él considera que nunca se ha ido. Ni de Cádiz, ni del mar.

—Gaditano, hijo del mar.

—Yo tengo raíces en el mar por los dos abuelos. Uno era maquinista de barco y otro farero, cuando el faro era importante en Cádiz. Recordaba los temporales por el istmo, a veces pasaba mucho miedo cuando el viento rugía.

—Pero fue el mar el que le separó del mar. Su padre se trasladó a Madrid a crear, curiosamente, el comisariado marítimo.

—En Cádiz estuve hasta los seis o los siete años, que es cuando nos trasladamos, pero aún así volvíamos a Cádiz cuatro veces al año, por lo que siempre estábamos muy unidos a Cádiz. De todas maneras, recuerdo nítidamente mi niñez. Nací en la calle Sacramento. Mi tía era violinista, profesora del conservatorio, y mi madre maestra. Creaban un ambiente que me influyó mucho. Tanto como el mar.

—Le hacía de Bahía Blanca.

—Bueno, es que se puede decir que mi padre fue el fundador de Bahía Blanca. El chalé se llamaba Las Margaritas, que hoy sigue dando nombre a un edificio en Santa Cruz de Tenerife. Fue uno de los primeros chalés del barrio.

—¿Vivió la explosión de 1947?

—Sí, estábamos en el chalé y se puede decir que sobrevivimos de milagro porque desobedecimos a mi padre, que nos dijo que fuéramos al segundo piso, que resultó muy afectado, y nosotros nos quedamos en el patio jugando a las peonzas. Recuerdo el cielo ensangrentado, los cascotes volando. Teníamos una costurera jorobada que dio un salto por encima de la empalizada. Mi padre sacó el coche con los cascotes encima y salimos de allí viendo toda la desolación a nuestro alrededor. Durante mucho tiempo, oíamos cualquier ruido y saltábamos.

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El jesuita transparente

Agradezco de corazón este generoso artículo de Nicolás Barroso publicado en EuropaSur

CAJÓN DE SASTRE

Nicolás Barroso

Nicolás Barroso

NICOLÁS BARROSO

El jesuita transparente

FACEBOOK TWITTER WHATSAPP 18 Octubre, 2019 – 01:35h

La influencia de los Jesuitas en la Iglesia Católica y en las sociedades civiles donde han ejercido y ejercen su magisterio, ha sido siempre relevante. Al superior general de la Compañía de Jesús se le ha tildado popularmente de «Papa negro», para significar claramente esa influencia histórica. Con la misma superficialidad, podríamos decir que ahora son jesuitas el «Papa negro» y el «Papa blanco», puesto que el Papa Francisco, procede de la Compañía. Siempre han destacado en los campos de la educación y la cultura, religiosa y laica, hasta tal punto que con la creación de colegios y universidades y su opción por la enseñanza, constituyen un valioso arsenal de «inteligencia», de la Iglesia. Por su irreductible compromiso, fueron expulsados del país, mas tarde rehabilitados y se han batido el cuero en Japón, América del Sur, Centroamérica con mártires incluidos y en cualquier parte del mundo, como fiel infantería eclesial.

Conozco muy de cerca a uno de ellos, el padre Pedro Miguel Lamet. Seguro que más de uno de ustedes lo conocen también, porque han leído alguno de sus 47 libros, tanto de poesía como biografías y novelas, de temática histórica y religiosa o sus columnas de opinión en «El País». Con tres licenciaturas, Filosofía, Teología y Ciencias de la Información y una diplomatura en Cinematografía, en la mochila, fue director de «Vida Nueva», la única revista religiosa que llegó a tener tirada como las grandes, por su interés informativo en un momento de cambio, como fue el Vaticano II. Ha sufrido con las secuelas de una enfermedad infantil que afectó a su movilidad y ha forjado su espíritu en las incomprensiones de algunos hermanos de fe, que no le han perdonado su coherencia vital, en unos tiempos convulsos de cambios interesados de camiseta. Ha tenido buenos escudos para defenderse, Teilhard de Chardin que ilumina su camino, San Juan de la Cruz, poeta del alma, el padre Arrupe, que es su brújula y del que fue biógrafo y su familia que siempre hemos estado a su lado. Nunca ha escondido lo que piensa, en un ejercicio continuo de transparencia vital. El Dios del Amor que predica Pedro con la pluma y la palabra, es lo transcendente en su vida. La luz de Cádiz, azulea en su poesía, siempre brillante, siempre profunda. Lo vi el pasado lunes, hablar durante una hora, frente a un auditorio que no pestañeó. Si en algún momento se sienten doloridos por dentro, lean su último libro, «Deja que el mar te lleve» o entren en su blog.

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Próxima conferencia en Cádiz

CONFERENCIA EN CÁDIZ Y PRESENTACIÓN DE LA NOVELA

«DEJA QUE EL MAR TE LLEVE»

El próximo lunes día 14 de octubre pronunciaré una conferencia en el Casino Gaditano de la ciudad de Cádiz, a las 20 horas, presentado por el escritor Jesús Maeso de la Torre, con el título «Confesiones de un gaditano, escritor y Jesuita».

Será presentada mi última novela
DEJA QUE EL MAR TE LLEVE,
ambientada en tierras gaditanas.

Gracias a todos los amigos y paisanos que tenga a bien asistir

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Los solitarios del WhatsUpp

Durante el reciente encuentro en Roma promovido por el Pontificio Consejo para la Cultura y el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, sobre “El Bien Común en la Era Digital”, el papa Francisco ha dicho a los participantes: «El beneficio indiscutible que la humanidad puede obtener del progreso tecnológico dependerá de la medida en que las nuevas posibilidades a disposición, sean usadas en modo ético» 

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Dos libros recuperados

Como sabéis la vida de los libros en las librerías es efímera. A veces al cabo de los años se puede encontrar algún ejemplar en alguna librería de viejo. También es verdad que con el tiempo muchas obras quedan obsoletas. Pero hay otras que, por su carácter de investigación histórica o valor literario, siguen vigentes.
Por eso de vez en cuando rescato algún libro para que siga siendo accesible, colgándolo como ebook en Amazon. Acabo de hacerlo con dos de ellos:

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El cosmos y yo

Recuperar la serena armonía

Solo después de que el último árbol sea cortado.
Solo después de que el último río sea envenenado.
Solo después de que el último pez sea apresado.
Solo entonces sabrás que el dinero no se puede comer.
Profecía India

La ecología está de moda. Todo el mundo habla del calentamiento global, sus funestas consecuencias y la necesidad del concienciarnos frente al problema. Pero, como en tantas otras situaciones de riesgo que nos rodean, percibo más miedo que interés, más prohibiciones que oportunidades, más impotencia que posibilidades reales de solución.
Puede ser el mal ejemplo de los políticos, que se reúnen, hablan y hablan, pero no se atreven a poner freno al consumismo del pensamiento único que nos domina. Por otra parte, los ecologistas se han convertido en cierto modo y no sin razón en un colectivo también bastante agresivo que nos llenan la vida de discos de dirección prohibida. Atacan, por ejemplo, las centrales nucleares, pero cuando llenamos las laderas de nuestras montañas de energía eólica, dicen que hacen daño a los pájaros y la belleza del paisaje. La gente se agobia. ¿Qué hacer? Hay más negatividad que esperanza.
Se me antoja que la soluciones tienen que venir de una concepción natural y global de la Naturaleza. Es cierto que hubo un tiempo en que el ser humano, en su estadio primitivo, tuvo que luchar con ella para encontrar un lugar en sus valles, montañas, orillas y cavernas. Hoy sucede lo contrario. Parece que la naturaleza ha sido desplazada por el hombre. Entre ambos debería mediar un proceso para recuperar la armonía, ese equilibrio donde las cosas son para el hombre y no el hombre para las cosas.
La reciente huida de las grandes ciudades, aunque sea los fines de semana, el creciente deseo de alimentarse de productos no contaminados, la recuperación de pueblos abandonados, son síntomas de una inquietud justificada. En contacto con el paisaje parece nacer de nuevo aquel hombre que fue cuando en verdad era hombre y no «un-ser-útil-para», un instrumento más de la tecnópolis. Se restablece así un diálogo genesiaco. Adán vuelve al Paraíso. Eso explica que Antonio Machado dialogara con la Naturaleza: «La augusta confianza / a ti, Naturaleza, y paz te pido / mi tregua de temor y de esperanza / un grano de alegría, un mar de olvido». Le dejaba a San Juan de la Cruz «un no sé qué queda balbuciendo» y un deje de infinito al poeta Juan Bautista Bertrán: «A veces por las venas de las cosas / sube una luz azul cual de presencia». Se sea o no creyente, la Naturaleza tiene algo de sacro, de inaprensible. Nos inspira y nos abruma, nos redime y nos destruye.
Por eso es importante recordar la llamada del papa Francisco en la Laudato si: “La naturaleza está llena de palabras de amor, pero ¿cómo podremos escucharlas en medio del ruido constante, de la distracción permanente y ansiosa, o del culto a la apariencia? Una ecología integral implica dedicar algo de tiempo para recuperar la serena armonía con la creación, para reflexionar acerca de nuestro estilo de vida y nuestros ideales, para contemplar al Creador, que vive entre nosotros y en lo que nos rodea, cuya presencia «no debe ser fabricada sino descubierta, develada”. (Punto 255)
Aunque parezca silencioso, nuestro entorno habla, chilla, se estremece, se está quejando de muchos abusos. Escuchémoslo. No es una llamada general y anónima. Es muy personal viene dirigida a mí en particular como miembro del género humano y responsable del futuro y a toda la comunidad humana, pues como dice un proverbio griego: «Una sociedad crece bien, cuando las personas plantan árboles de cuya sombra saben que nunca disfrutarán». Porque la Naturaleza nos enseña a salir del ego y disfrutar de nuestra verdadera identidad: el nosotros.

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