Amar no tiene nombre

Alvor (Portugal) 2013

AMAR NO TIENE NOMBRE

 

Amar es un vacío,

un llevar en las manos

el temblor de estar solo

mirando las estrellas,

un saberse una pluma

movida por la brisa

y olvidarse que el miedo

hizo en ti su morada

y arrumbar en lo oscuro

los planes ya trazados

y dejar que tu alma

llore a solas lo absurdo

que es estar y no estar.

 

Amar es un insólito

querer ser lo imposible,

derrotar los deseos,

recomponer el mundo

a trozos de ilusiones,

arrimar a las rosas

la eternidad rompiente

y regar con ausencia

la cuna de la noche

donde acecha el dolor.

 

Amar no es el anhelo

de vivir la primicia

de un ser entre los brazos

o llevar de la brida

el feliz yo caliente,

o andar con un espejo

de un tú mismo mejor.

 

Ni pensar que ya es tuyo

el ser que has aprehendido,

ni pregonar al mundo

desde un tú apuntalado,

ni reírse del salto

que el otro no ha querido,

ni poner a tus ojos

parcelas por el mundo

con un cartel: “No entrar”.

Amar es un perderse

en la noche estrellada

y saber que hace tiempo

has dejado de ser.

Es flotar sin un norte

por el mar de tu alma

y mañana ¡quién sabe!

no saber, no saber…

 

Amar es estar solo

con todo en compañía

y morir de vivirse

tan lleno del presente,

canción de un gran vacío

de lo amado que nace

en llamas del recuerdo

y el grito de un instante

que es, que fue, que apenas

vuela en lo casi perfecto

en la luz que no ha sido.

 

Amar no tiene nombre,

quizás sólo la noche

que queda si has querido

al borde de la orilla,

una huella en la playa

que dejaste al pasar

y ser mar en la mar.

Pedro Miguel Lamet

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Me apellido Uno

El joven anciano (Oropesa del Mar, 2014)

Cuando estoy solo es cuando estoy más acompañado.

En el barullo de la vida cotidiana es fácil narcotizarnos. Rodeados de gente nos dormimos y drogamos nuestra auténtica naturaleza, obsesionados con el papel que representamos en la vida, la careta del hombre o la mujer que creemos ser. Sólo puedes volver con la gente cuando descubres quién eres realmente.

Pues no somos el centro, ni tan importantes como creemos desde el yo. Nuestra vida es un parpadeo del Universo. Un parpadeo único, irrepetible y cósmico en miles de años y espacios, pero un solo parpadeo.

Cuando desaparece ese personaje, ese ego mental que creo ser, despierto. Sigue leyendo Me apellido Uno

Pedro y la barca

Hoy. día de su fiesta, dedico este soneto a mi santo patrón, el apóstol Pedro, un hombre débil, que dudó, tuvo miedo, llegó a negar a Jesús, pero que al fin su fe fue más fuerte y se lanzó a caminar sobre el mar. Una buena parábola la de su barca para la Iglesia de hoy. – 

DE TU BARCA BAJO LA LUNA

(Al apóstol Pedro)

 

De tu barca bajo la luna huía

la brega de una noche temerosa

sobre un mar encrespado, y la penosa

vaciedad de ese vivir sin alegría.

 

En tus redes sin pesca amanecía

la ausencia del sentido y la azarosa

pregunta de por qué nació la rosa

y hacia dónde remamos cada día,

 

cuando  adviertes de pronto sorprendido

avanzar sobre el mar como una vela

o un faro que te llama y te ilumina,

 

y sientes dentro el corazón herido

con una voz que entre la bruma vuela:

¡Lánzate, Pedro,  y sobre el mar camina!

 

Pedro Miguel Lamet

 

¿Qué queda de ti y de mí?

Estos días de primavera, al pasear entre tanta belleza me siento  aún más fugaz  que en los días de otoño o invierno. Pues también cuando todo florece se mueren los amigos y ¡dejan tan poca huella! Vuela el tiempo. ¿Qué queda de mi, de nosotros después de tanto empeño por dejar huella? Busco la respuesta en este soneto:

           

          FUGACIDAD

Todo queda colgado en un instante

al besarme en la frente esa sonrisa

con que al pasar me rozas con tu brisa

y me dejas prendido y vacilante,

 

como una flor sin agua o un amante

que corre, huye,  se esfuma tan deprisa

cual la estela suave e imprecisa

que un perfume te deja suplicante.

 

¿Quién soy yo? ¿Cuánto duro, qué presumo

al llorar, escribir y diluirme

en este andarme a solas por el prado?

 

¿Acabo de llegar o estoy por irme?

¿Seré como Quevedo  solo humo?

“Polvo serán, más polvo enamorado”.

 

 Pedro Miguel Lamet

 

Llegó la hora de Romero

La beatificación y proclamación como «mártir» del arzobispo salvadoreño monseñor Óscar A. Romero (1917-1980) refrenda el reconocimiento y la devoción que desde hace décadas le han profesado tanto su pueblo como prestigiosas instituciones de todo el mundo. De origen humilde y formado en la más estricta ortodoxia, a partir del contacto con las injusticias y matanzas infringidas en El Salvador despertó a la conciencia de los pobres y oprimidos para convertirse en «voz de los sin voz» y dar la vida por su pueblo, acribillado junto al altar mientras celebraba la eucaristía el 24 de marzo de 1980.
En este libro tres autores jesuitas estudian su vida, su conversión y su pensamiento: Sigue leyendo Llegó la hora de Romero

Siempre hace buen tiempo

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